Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

miércoles, 16 de enero de 2008

CONSEJOS DE VIAJE (Apuntes humorísticos)

Hoy me toca inaugurar la etiqueta ¡No me pierdan el equipaje!, a la que titulé así, porque en la vida real mis maletas siempre tienden a bajarse antes que yo en lugares previos a mi destino, o bien prefieren quedarse en el avión cuando yo ya me he bajado No me pregunten por qué, pero me ha pasado por lo menos un par de veces.



En los últimos quince años, quienes poco o mucho hemos tenido alguna oportunidad de visitar otros países, hemos encontrado en varios idiomas, unas bellas palabras que ya es costumbre obsequiar en forma de poster, tarjeta, mail, o pergamino al potencial viandante. Una especie de gentil despedida y suma de buenos deseos, que transcribo algo más abajo, segura de que no se me acusará de plagio, porque ya es parte del acervo universal
Hay quienes dicen que es traducción del árabe, quienes se lo achacan a los hindúes y quienes dicen que se lo espetaban mutuamente los incas antes de partir por los caminos del imperio.
No me consta ni preocupa, lo que yo quiero es en realidad realizar su análisis literario e interpretación, para lo cual conocer el proverbial mensaje es imprescindible.
En la versión que a mí misma me regaló un querido amigo previamente a mi partida hacia Alemania (donde permanecería unos pocos meses) se leía algo más o menos así:

Que el sol ilumine tu frente. Que la lluvia caiga mansa sobre tu cabeza. Que el viento sople siempre a tu espalda. Y que hasta que volvamos a vernos, Dios te lleve en la palma de su mano “

Esto me pareció en su momento muy bonito, como a cualquier viajero podrá parecerle seguramente en primera lectura, pero luego, comencé a percibir algunos sutiles detalles, y muchos peligrosos contenidos subliminales.
Así fue que cuando muchos años más tarde una amiga partió hacia Madrid, y otra amiga común le hizo el clásico obsequio, yo me ocupé de alertarla, y le escribí una misiva que incluía mis propias conclusiones, y que hoy hago extensiva a todos los que se marchan y son así despedidos.
Tómense estas palabras como un servicio a la comunidad en tránsito, y un alerta a los ingenuos que hasta llegan a enmarcar esos supuestamente inocentes parrafitos.
Amigo viajero, ten cuidado con lo que acabas de recibir, porque allí donde leemos “Que el sol ilumine tu frente”, salta a la vista un deseo generoso, y sin embargo, contiene algún grado de secreta hostilidad. ¿O acaso no conocemos todos, el tema ése del agujero de ozono y de los letales rayos ultravioletas? Entonces, ¿cómo tomarlo?
Yo, querido amigo, en tu lugar, saldría volando a comprar un protector solar factor 200. Además, aprovechando que últimamente se usan mucho, me compraría una flor de capelina para evitar insolaciones. Y para más precaución viajaría de noche, nada de andar por los caminos bajo el sol del mediodía, ni siquiera del de medianoche, si es que te vas al ártico. Claro que si te asaltan no va a ser muy grato, pero problemas de piel seguro que no tendrás, salvo algún hematoma si el atraco es violento.
Pero volvamos a lo nuestro y analicemos ahora, la segunda línea, que reza, “que la lluvia caiga mansa sobre tu cabeza”
Fijate en la maldad implícita en la imagen, porque decime, ¿qué tenés que andar haciendo en plena calle cuando llueve, sin un miserable paraguas que te proteja?
Un verdadero amigo, te desearía que veas la lluvia desde la ventana de un restaurante cinco tenedores, y no que te venga a dar en plena cabeza, en la mitad de un paseo.
Convengamos que tiene un punto a su favor, ya que por lo menos, habla de lluvia mansa, mirá si te agarra el granizo cuando andás boludeando por las peatonales extranjeras.
Pero esto también admite varias lecturas, porque está bien que sea mansa, pero además habría que pedir que sea poca, ¿o no has visto los informativos con los desmanes de El Niño, eh? ¿Qué tal que tengan que ir a buscarte a cientos de kilómetros de tu destino porque te arrastró la correntada, y finalmente te encuentren agarrado de un árbol, empapado de pies a cabeza, y con la cámara digital arruinada?
Después, lo del viento en tu espalda ¿sabés las congestiones que te podés agarrar? Por las dudas, tejete un chaleco que te abrigue el pechito y la espalda, y no te lo saques ni para ir a la playa.
Además, si bien la primera lectura te hace pensar que el viento en la espalda es un aliado que te facilita el camino y te lo hace más ágil, con sólo meditar un momento, no puedo menos que exclamar ¡Qué te tienen que andar empujando, coño!
Y esto me obliga a aclarar que tampoco te deseo que en vez de ir viento en popa, vayas viento en proa a toda vela. Lo que alguien que te quiere bien debe desearte, es que no te agarre el viento y listo, ni de popa ni de proa, ni de babor o estribor. Que no haya viento y punto. Que si no vas a salir todo despeinado en las fotos. Ya de por sí es bastante embolante tener que ver las fotos del que vuelve de un viaje, para encima tener que mentirle “qué bien saliste” cuando parece una medusa bajo un ventilador.
¡Y lo de la palma de la mano de Dios! Tené cuidado hermano, mirá si se le ocurre cerrar el puño justo con vos ahí adentro. ¿Sabés lo que tiene que ser un apretoncito de ésos? ¡Ahí sí que directamente no volvemos a vernos!
Mirá, por las dudas, más bien tomate un vuelo confiable, no sea que por ahorrarte unos mangos, te hagas pomada en el camino.
Además, con toda la gente que este proverbio ha mandado a la palma de Dios, debe estar atestado, vas a tener que entrar en lista de espera, y con suerte vas a viajar parado en la punta de la uña del meñique y en medio de una multitud de hinchapelotas que se andan mostrando mutuamente los souvenirs.
En conclusión, amigo viajero, acá entre nos, tené cuidado con los deseos de ciertos amigos, y mejor hacete asesorar con gente ubicada y perspicaz como la que suscribe, que a propósito, te regala algunos consejos y buenos deseos (de los buenos de verdad, sin envidiosas connotaciones ocultas)

  1. Sé todo lo feliz que puedas.
  2. Sé un poco más feliz que eso todavía.
  3. Mandá mails si querés, y si no, no mandés.
  4. No andes extrañando a la familia porque es una pérdida de tiempo, aparte de que casi nunca se lo merece.
  5. En todo caso, sé más práctico, mandales los pasajes, y que vayan todos a visitarte.
  6. Volvé con regalos caros para justificar por qué no compraste para todos, o bien por el contrario que sean muchos, para explicar por qué tuvieron que ser tan baratos.
  7. Si volvés con varios kilos de más, nunca reconozcas que fue por comer chatarra para ahorrar unos piojosos mangos. Echale la culpa a la comida exótica a la que no podías resistirte en los lujosos restaurants que visitaste.
  8. Si en cambio volvés más flaco, nunca asumas que corriste la coneja, antes bien, bajaste de peso porque lo recorriste todo, no paraste de bailar, y “cometiste ciertos excesos”, pero no aclares que fueron excesos de economía.
  9. Está bien que muestres las fotos, pero ¡por Dios! no repitas tooooodo lo que te explicó el guía frente a cada monumento. Si a duras penas lo aguantaste vos, que estabas en vivo y en directo, ¡imaginate los amigos que no tienen la culpa de que hayas hecho ese city tour, y tampoco tienen por qué amortizarte el gasto!
  10. El décimo mandamiento del buen viajero es que pasados dos años de tu periplo, si no has hecho otro nuevo, lo más seguro es que ya no tengas nada novedoso que contarle a ninguno de tus amigos, así que mejor no insistas.

    Espero que te haya sido de provecho, y no faltará ocasión en que te cuente algo más de mis propios viajes, que ya podrás imaginar, nunca son aburridos, aunque casi siempre son muy poco ortodoxos.

    Y como siempre digo, aprovechen los viajes para portarse mal, total, lejos de casa, ¿quién los conoce?

    Besos y hasta la próxima, y no olviden aprender a bloguear visitando este link, si es que no están duchos en este tema. Graciela

2 comentarios:

Estar latiendo dijo...

¡Buen viaje! Y gracias por volver a visitarme.
A mi vuelta, y con tiempo, te leo más detenidamente.
Besos desde el norte:

Ju

Graciela L Arguello dijo...

eztarlatiendo

Siempre es un placer visitarte, nos seguimos viendo. Un beso Graciela