sábado 5 de diciembre de 2009

BODAS DE PORCELANA



Como sigo exhumando viejas cosas archivadas, acá comparto con ustedes el discurso alusivo que hace bastantes años escribí (y tuve el atrevimiento de leer) en una cena de festejo de aniversario de feliz matrimonio de mis amigos más dilectos.

Como a todos les pareció muy divertido, acá lo tienen, tal como lo leí en su momento.


Y tómenlo con humor, que no es otra cosa.

VIGÉSIMO ANIVERSARIO DE BODAS DE Silvina Y Juan.

Cuando la semana pasada, me hicieron saber que en el día de la fecha mis amigos festejaban su vigésimo aniversario de bodas, y de paso me sugirieron que preparara las palabras abusivas, mi primera reacción fue de pánico, y desde el fondo de mi corazón me surgió la pregunta:

¿Tengo que decir cosas lindas del matrimonio?

A lo que me replicaron que podía ser en joda. Eso me dejó mucho más tranquila, porque solamente en joda se pueden decir cosas lindas del matrimonio.

Entonces vayamos a lo nuestro: hablar de veinte años de convivencia. Aquel compositor de tangos que dijo que 20 años no es nada, no estaba seguramente hablando de 20 años de casados.


Porque 20 años de casados, en cálculo grosero, implican unos siete mil desayunos que a ver quién le trae a quién. Unos 15.000 almuerzos y cenas, de los cuales el 60%, más o menos fueron una tentación al condimento con cicuta, estoica y heroicamente resistida. Unas cinco mil visitas intercambiadas con la familia política. Unas 200 ocasiones especiales, tipo cumpleaños, Reyes, Año Nuevo, día del Padre, del hijo o del Espíritu Santo, en que hubo que poner buena cara, cuando uno en realidad se sentía como el antónimo, y así sucesivamente.


O sea que ¿quién dijo que veinte años no es nada? Un inconsciente, o un soltero sin ningún lugar a dudas.

Por otra parte, así como los 25 años son bodas de plata, y los 50 son de oro, seguramente los 20 años son bodas de algo.


Imaginemos de qué.


Lo primero que me viene a la mente es el plomo. Pero plomo viene a ser después de veinte años el cónyuge, no las bodas. O sea que debemos pensar en otras alternativas.


Sodio no puede ser, por su carácter alcalino, ya que a los veinte años la situación es más bien ácida. Nos tiremos a algo más alegórico. Protactinio podría ser porque recuerdan a una patada proctológica. O de Cesio, porque uno desea que cesen. O de deuterio, porque cómo se aguantan es un misterio. O de Bario, porque hacen falta varios hijos para no renunciar a los dudosos beneficios del dulce hogar después de 20 años.


De cualquier manera es seguro que ya hay un elemento instituido universalmente, de modo que habrá que recurrir a las fuentes, y averiguarlo.


¡En efecto! Según mi amiga Silvina, que en ese género de informaciones es un pequeño Larousse, los 20 años son las bodas de porcelana; y si bien cualquier idiota se da cuenta en el acto de lo bien que rima con pata de lana, he hecho a Silvina la formal promesa, de ser juiciosa y no dar rienda suelta a libres y pecaminosas asociaciones.


Aunque acá entre nos, pocas asociaciones son tan divertidas como las pecaminosas, del mismo modo que pocas asociaciones son más lucrativas que las ilícitas.

No obstante, por esta única vez, y al solo efecto de cumplir virtuosamente con la palabra empeñada, renuncio por un ratito al pata de lana, y busco otras posibilidades en la porcelana.


Por ejemplo, relacionarla con la etérea calidad del caolín, una vez que fue molido, empapado, revuelto con otras sustancias, comprimido, retorcido y finalmente cocinado en horno a temperatura de infierno. Y todo ese purgatorio tan sólo para que al primer golpecito termine hecho pelota en el tacho de la basura.


Sabio paralelismo pues, el de la porcelana con veinte años de matrimonio. Mal que le pese a Mendeleiev, no creo que haya elemento alguno en su tabla que represente mejor la condición de una pareja veinte años después.

Y esto me trae a la memoria al autor de ese y otros libros. Don Alejandro Dumas, ídolo total que descubrió la fórmula perfecta para que un amor dure intacto a través del tiempo.


En efecto, Margarita Gautier se convirtió en la amada inolvidable, mediante el simple trámite de morirse tuberculosa pero soltera.


Si hubiera sobrevivido a la tisis para casarse con el protagonista, hoy no estaríamos leyendo "La Dama de las Camelias", sino "Doña Margarita, la del pimiento morrón", y a la película no la habría protagonizado Greta Garbo, sino la Petrona C. de Gandulfo.


Claro que a los señores espesos, quiero decir esposos, no les va mucho mejor cuando han transcurrido veinte años.


Efectivamente, si cualquiera de los azules príncipes que en los cuentos infantiles aparecen montados en briosos corceles blancos para rescatar a las princesas en peligro, fuera visto en plenas bodas de porcelana, muy probablemente aparecería en camiseta, con una barba de tres días, algunos kilos de más almacenados en la panza, y put, despotricando porque los chicos se llevaron el caballo sin pedirle permiso, y encima se lo devolvieron chocado, o con las herraduras hechas pomada.


La única ventaja que 20 años de matrimonio le otorgan a cualquier mujer sobre la Bella Durmiente, es que si solamente un incendiario beso de su cónyuge pudiera despertarla, tendría asegurado un sueño sin sobresaltos por mucho más que 100 años.


Sin embargo, no todas son pálidas, las bodas de porcelana conllevan algunos beneficios, porque veinte años también es el tiempo mágico en que todos se dan cuenta de que uno está más viejo, menos precisamente el individuo que tiene al lado, porque a él le ha pasado más o menos lo mismo, y casi al mismo ritmo, o sea que se verifica la siguiente ecuación:

distracción + presbicia + costumbre = no has cambiado nada, querido/a.

Veinte años es asimismo el tiempo en que uno ha dejado atrás muchas expectativas, pero ha consolidado algunas realidades.


Y puede asumir entonces, el marido, que su mujer no se parecerá nunca a Claudia Schiffer, pero que le iría mucho peor si se hubiera casado con Lorena Bobbit.


Y la mujer entiende que su marido no es Kevin Costner, pero vive mucho más cerca. Y ambos no serán Romeo y Julieta, pero al menos no se murieron en plena adolescencia.


Veinte años son igualmente la señal de que si bien uno puede seguir sintiéndose, e inclusive viéndose espléndido (esto último, gracias en parte a la ya mencionada presbicia), hay algunas cosas que han comenzado a cambiar.


Por ejemplo, los hijos, que ya no son más que fugaces cometas que aparecen a la hora de comer y de pedir plata, y desaparecen rumbo a la calle, o entre las sombras de su dormitorio, sepultados bajo las cobijas, el resto del tiempo.


Y entonces uno revaloriza la presencia del consorte, que consorte o sin sorte, por lo menos es un ser querido, o apreciado, o estimado, o conocido, o bah! lo que sea, pero está ahí. Cuando está, claro. Si es que está. Y si no está, por lo menos no jode. O si jode, uno ya se lo toma de otra manera.


En definitiva, los veinte años son un tiempo de madurez, de comprensión, de compañerismo y paciencia. O sea una especie de resignación.


Y si no, hagan los presentes una pequeña prueba de mi invención, para ayudarse en sus momentos de duda.


Tomen lápiz y papel y hagan una lista de las cosas que les darían felicidad y que podrían hacer si no estuvieran tan casados. Imaginen a dónde podrían ir sin su cónyuge, cómo pasarían sus vacaciones, qué harían con sus fines de semana.


A mí esta terapia me hace efecto instantáneo: nunca he podido iniciar tal lista, porque no me
tienta la idea de pasar los próximos veinte años escribiendo frenéticamente y sin parar.


Tantas son las cosas que figurarían en la lista, que el temor a tan titánica tarea me devuelve rápidamente a la realidad.

Hagan el intento, merece la pena.

Pero ánimo, muchachos, que hay cosas aún peores. Como por ejemplo...Como por ejemplo... Esperen algo se me va a ocurrir.


Seguro que algo peor que las bodas de porcelana existe.

¡Ah, sí! ¡Ya sé: el Huracán Bertha, la bomba de Hiroshima, el show de Susana Jiménez, o un reportaje a Diego Maradona.


Todo lo cual nos lleva a proclamar con alegría: ¡Feliz Aniversario! ¡Mucha felicidad! ¡Y que Dios los perdone por inconscientes!...



Ahora les hago notar que desde hace más de 10 años, ni el show de Susana ni las declaraciones de Maradona han mejorado absolutamente nada.



Lo que sí espero que mejore es la situación familiar de Afrodita que tiene tiempo hasta fines de diciembre antes de ceder su puesto de ADT.





La foto ilustrativa es como casi siempre un descarado saqueo a alguna cadena de mails. Un beso y hasta el próximo sábado. Graciela

sábado 28 de noviembre de 2009

CORTITO, PERO ¿BUENO?


Hoy traigo nuevamente uno de esos posts de pornografía espiritual, es decir, sentimiento explícito.

Se trata esta vez de una prosa intimista bien cortita que se publicó, previa selección en un concurso en el año 2000 en la Antología de la Editorial Nubla, titulada Desde Adentro...Voces del Interior. Está en la página 19.

Ya saben que es mi costumbre presentarles en cada ocasión la tapa y la dedicatoria del libro original, pero como esta prosa es la segunda que posteo de esa publicación, ambas cosas ya fueron presentadas cuando subí "Adelante", y por eso hoy ilustro el post con una imagen robada de alguna de esas cadenas de mails que sí recibo con gusto.

Y ahora sí, la prosa tal como se publicó en su momento.

El regreso.

Por Graciela L.Argüello.

Como un lento regreso, como despertar nuevamente. Como desandar un camino. Muy despacio y con dudas.

Como retomar la jornada tras un largo descanso. Como no haber estado y empezar a volver.

Caminando sin prisa, casi con desconfianza. Como un ciego, y sin guía.

Paso a paso y temblando…

Sin saber todavía.

Estás ahí. Yo te siento. Quizás nunca te habías marchado. Pero fue el mío el corazón ausente. El amor fugitivo...


Para terminar por hoy, les recuerdo como siempre, que Afrodita sigue esperando por el hogar que tanto anhela y sin duda merece.

Un beso y hasta la próxima, Graciela.

sábado 21 de noviembre de 2009

ASÍ SOY Y NO TIENE VUELTA. . ..


En un post anterior, relativo a las mascotas y protestas de mascoteros, escribí que mucha gente se acercaba a preguntar cómo se puede ayudar en esta causa.

Pero también debo decir que hay muchas otras personas, aun entre mis amigos más próximos, que me miran con condescendencia, y de vez en cuando me señalan que por cada perro rescatado aparecen diez casos más; o me indican que luchar contra la tauromaquia es de ilusos, que no puedo cambiar el mundo etc. Etc. etc.

¿So what?

O sea ¿qué importa?

Aunque rescate un solo perro, o gato, (para que no me reclame después Dayana que nunca los menciono) para ese perro sí ha cambiado el mundo.

Y para otro perro que ocupará mis esfuerzos en lugar del anterior. Y para la familia que se vio por fin completa cuando el rescatado llegó a su hogar.

¿No es poco verdad?

Sí cambia el mundo. ¿O acaso creen que las placas tectónicas se corren cientos o miles de kilómetros cada vez?

Se mueven por milímetros, pero aun así, modelan la superficie de todo el planeta.

Cada minúsculo cambio es un cambio al fin.

Y yo no puedo evitar comprometerme hasta los huesos con cosas que me importan.

Es algo genético, supongo, y seguramente si un día me encuentro con que empezó el fin del mundo, yo voy a ser de los que van a andar buscando cómo mitigar el daño. ;D.

Y cuando todos dicen: “La suerte está echada”, yo soy la que la agarra de los pelos para conseguir que se levante.

Y no me asusta luchar contra molinos de viento, ni tratar de vaciar el océano con un baldecito y una cuchara. Sencillamente digo: “ya falta de sacar una cucharada menos”.

Así que a amigos, parientes, familiares, compañeros etc., etc., les agradezco sus consejos, y aprecio su llamado a la cordura, pero les pido que no pierdan su tiempo conmigo, ni me lo hagan perder a mí, porque ni aún cuando esté encerrada en un geriátrico van a impedirme organizar con los demás viejos, un pijama party, o protestar si nos mandan a la cama demasiado temprano.

Y les pido desde ya que si no estoy metida en alguna de estas locuras por un tiempo medianamente largo, llamen derecho a Juan Caruso para que organice mis exequias, porque debo haber pasado al otro barrio sin que nadie se diera cuenta.


Bueno, ahora no se olviden de Afrodita que es hoy uno de mis frentes abiertos, y no me rompan las pel estructuras con sus sanísimos pero innecesarios consejos. Un beso y sepan que aunque no les haga caso, los quiero igual, claro, Graciela

sábado 14 de noviembre de 2009

ENTORNADO POR DUELO




Permítanme hoy hacer un post muy cortito y catártico.

El sábado pasado, después de subir el risueño post que leyeron, todo mi día cambió para peor. Porque recibí la noticia de que Federico había sido eutanasiado.

Considerado "potencialmente peligroso" (¡un cocker, por favor!) y con un dudoso diagnóstico de tumor cerebral (que se manifestó, curiosamente, el mismo, sí el mismo día en que la trágica decisión fue adoptada) Federico perdió su preciosa vida.

Déjenme también hacer un mea culpa. ¡Estamos llegando tarde con las adopciones! Fue tarde para Ruca, y fue tarde para Federico.


¡Por favor, que no pase lo mismo con los demás!

Afrodita espera.



Un tristísimo abrazo Graciela

sábado 7 de noviembre de 2009

INTERESANTES CONFUSIONES




No sé si las expectativas de los diseñadores de gráfica para cartelería en los aeropuertos internacionales son demasiado altas, o si mis posibilidades intelectuales son demasiado bajas, pero no puedo aseverar que sus mensajes resulten inconfundibles como sería de desear.

Y paso a citar algunos ejemplos: en la salida de emergencia, está la figura de un hombrecito corriendo. Bien puede interpretarse que está indicando el camino hacia los baños, ¿o ustedes nunca han tenido una emergencia después de algunos desarreglos en la ingesta, que los obligó a buscarlos a la carrera?

En cambio en los sanitarios que cuentan con cambiador para bebés, se ve una figura humana con las piernecitas arqueadas de modo que parecen dos flechas cerrando un círculo. La interpretación también es dudosa: podría pensarse que se reciclan bebés, por ejemplo.

La señalización de baños para personas con discapacidad, a mí me recordó una persona en una mecedora, y pensé ¿será que puedo depositar allí al abuelo?


El del piso mojado, con unas líneas sinuosas y el hombrecito cayéndose, podría también significar pista de patinaje para principiantes, o circuito de alcohólicos anónimos, o “infartos por aquí”.

Además el hombrecito y la mujercita de los baños han quedado obsoletos. Convengamos que en el actual estado de cosas, deberíamos encontrarnos también con un cartel con la foto de Zulma Lobato, y si es posible cerca de la enfermería, porque es verdad que semejante imagen puede ser demasiado hasta para el más pintado.

La flecha indicando hacia abajo para mostrar dónde está la alarma que se debe accionar en una emergencia, a mí me parece más bien la señal del camino para mi alma en caso de acontecer de verdad una desgracia.

El matafuegos es igualito a un aparato de fumigación de jardines e interiores, y podría traducirse como servicio para piojosos.


Y ni hablar cuando encontramos la cartelería de los sanitarios con un hombre y una mujer separados por una línea. Parece llamar a gritos a la gente interesada en divorciarse. “Separaciones Express”



La señal de café me suena a mí como un viejito tuerto, y así hasta el infinito, de modo que no se asombren si me ven buscando una carretilla junto al cartel de la manguera para incendios.


Como quiera que sea, ahora voy a tratar de descifrar qué significa ese cartelito con un signo de pregunta enorme, que parece llamar a todos los descarriados que no le encuentran un sentido a la vida. Una cosa muy existencialista ¿no?



Mientras tanto me despido de ustedes hasta el próximo sábado, con más profundas reflexiones como ésta. Pero antes les recuerdo que la campaña para adoptar a Afrodita, sigue siendo prioritaria, ya que últimamente no la está pasando bien en el refugio. Un beso. Graciela.

viernes 30 de octubre de 2009

DE BEST SELLERS Y WORST SELLERS


Con motivo de un post de mi amigo Avellaneda, he recordado una anécdota relativa a mi primer worstseller "Un dios para cada uno" que vengo publicando de a pildoritas en el blog.

En alguna oportunidad, una amiga me presentó a otra persona, diciéndole que yo era autora de un libro que a ella (por lo menos a alguien) le había gustado mucho.

Ahórrenme comentarios respecto a esa persona. Baste que les reproduzca el diálogo que palabras más, palabras menos, se produjo entre nosotras, ante la sonrisa cómplice de la amiga en común que nos había presentado, y que me conoce lo bastante como para no aportar una letra de su propia cosecha, y quedar en cambio a la espera del desenlace.

-¿Así que escribiste un libro? ¿Y sos una autora importante, o conocida, o algo?

Sí, ya sé, yo también pensé muchas cosas que no llegué a decir, como por ejemplo que importante y conocido a veces no tienen nada que ver, ni entre sí ni con escribir un libro. Y que "algo" obviamente soy: persona, mujer, geóloga, flaca, madre, profe, abuela, ustedes elijan ...

De todos modos, ya esas palabras fueron un desafío, y no pude con el genio, así que le espeté:

-Bueno, soy autora de un libro muy leído en Alemania.

Mi amiga ya empezó a parar la oreja, porque se imaginó que algo estaba tramando, pero la otra se lo tomó al pie de la letra y exclamó:

-¡Qué bueno! ¿Vendiste muchos ejemplares?

- No, ni uno, pero se lo regalé a un amigo que vive allá y lo leyó varias veces, o sea que fue "un libro muy leído en Alemania".

Como cabía esperar, no captó la pobre una palabra, pero no dejó de felicitarme, y hasta hoy cree que soy "algo".

Como sea, hay algo que sí soy: insistente. Así que les recuerdo una vez más el pedido de Afrodita, que espera conseguir un hogar y una familia. A ver si le cumplimos el deseo antes del próximo sábado cuando volveremos a vernos. Un beso Graciela,

viernes 23 de octubre de 2009

UN ROSTRO PARA EL AMOR


Hace un par de posts atrás, un comentario de rumbofijo, me puso a rebuscar en los vetustos papeles de mi adolescencia, porque me había recordado este escrito de hace tantos años como leerán al pie.

Lo subo tal como lo escribí entonces, aunque aparezcan algunos anacronismos. Hoy, por ejemplo, el hambre en Biafra no ocupa los titulares de los diarios como los ocupaba en aquella época.
Y dejé también una palabra que ya no existe en el vocabulario corriente, o al menos no con el mismo significado.

La palabra churro, aclaro para los menores de 200 años, se refiere a un o una joven particularmente bello/a.

A muchos no les dirán nada el título y una frasecita que aparece muy abajo en el texto, a ellos les cuento que “El amor tiene cara de mujer” era una telenovela que hacía furor en Argentina en esos años, y de allí salió todo este escrito.
Y lo último que debo aclarar para los que hoy me conocen tan fervientemente cuestionadora de la religión, es que usar la imagen de Cristo era muy natural en mí por ese entonces, porque mi ruptura con la iglesia fue bastante posterior.
LA CARA DEL AMOR.

El amor no tiene cara de mujer. Tiene cara de cualquier cosa. Tiene cara de niño, cuando el niño sonríe. Tiene cara de hombre, en el hombre que llora. Tiene cara de sueño, si sueña una adolescente. Tiene cara de perro, si mueve la cola un perro.

Pero hoy en el mundo entero, el amor tiene cara de duelo. El amor llora en Biafra, con cara de hambre y de muerte. El amor está de luto, y el luto lo pongo yo cuando no extiendo la mano. El luto lo pongo yo, que como pavo y me quejo de que hay gente que se muere sin comer ¡y por la calle!

El amor llora en el cielo al recibir a los muertos que se mueren en mil guerras, ¡hay guerra en tantos lugares!

El amor llora en la calle con un chico muerto de hambre, y el hambre lo pongo yo, que lo he dejado en la calle.

El amor llora en la cárcel, y sus lágrimas son tantas que acaso si yo quisiera, borrarían tanto crimen, tanta pena y tanto duelo. Pero no quiero, y lo dejó al amor tras de las rejas.

El amor no tiene cara de mujer, y menos cara de dama. Damas son las que hacen tés a beneficio. Al pobre le tiran guita y ellas comen las masitas.

El amor tiene cara de pobre, que sin tener dónde morirse, le extiende su mano al otro.

El amor tiene fea la cara ¿para qué es el maquillaje? El amor tiene cara de viejo, tiene cara de bombardeado, tiene cara de pibe solo, tiene cara de raquitismo, tiene cara de analfabeto, y yo no quiero mirarlo.

El amor que muestran en las novelas es el amor disfrazado: el amor del muchacho churro que quiere a la chica linda ¡Vaya con el esfuerzo! (¿Que el amor no es sacrificio?)

¡Ese amor no tiene gracia!

¡Gracia tiene el amor al pobre!
¡Gracia tiene el amor al tonto!

Gracia tiene el amor a Cristo, pero a Cristo desfigurado. El que está en el presidiario, el que está en el equivocado. El que está en mí como en todos. (¿Por qué entonces me quiero a mí tanto, y a los otros los ignoro?)

El amor no tiene cara de mujer. Tiene cara de pena, tiene cara de luto, tiene cara de llanto. Tiene cara de cualquier cosa, aunque yo prefiera ignorarlo.

2 de agosto de 1969.


Como habrán observado, mis impulsos de compromiso y solidaridad no son recientes, ni fueron tampoco solamente declamatorios, pero como tal vez alguna vez les cuente, implicaron muchas veces, dolorosas experiencias de profundas decepciones, que me fueron especializando en el área donde encontré la mayor retribución de amor incondicional, y el menor cúmulo de desilusiones: los animales.

Por eso acá me ven, pidiendo una vez más un hogar para Afrodita, que nunca les dará un mal pago.


Ahora vayan a mirar otras inspiradoras telenovelas hasta el próximo sábado, cuando tal vez les haga más confesiones para el prontuario, porque no tienen idea de las cosas que encontré revolviendo entre los papiros y tablillas cerámicas que escribí en mis comienzos. Un beso Graciela