Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 22 de abril de 2017

Una gotita más.



Mi módico post de hoy:

ACECHO.

Lo siguió tres cuadras. Parecería suicidio. 

Pero no teman, si Josefina los estuviera siguiendo, su única intención, sería conseguir el hogar que tanto anhela. 
Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.

sábado, 15 de abril de 2017

Pensando "finito".

¿Sabe usted por qué son MAYORÍA los políticos que han sido acusados alguna vez de corrupción?
Sencillo, porque a los de la minoría restante todavía no los descubrieron.
De no ser así, no estaríamos hablando de mayoría, sino de TOTALIDAD.
Una acusación que nunca merecerá  Josefina, que está buscando hogar.
Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.

sábado, 8 de abril de 2017

¿No estarás exagerando?

Hace ya bastante tiempo pesqué esta perlita en el embravecido mar de la televisión argentina, más específicamente en un noticiero de canal América 24, en el cual, un periodista se refirió al Obelisco de Buenos Aires con las siguientes palabras:
...este monumento histórico de 400 años...
Para información del señor periodista, que seguramente ha entendido mal lo de los 400 años, debo aclarar lo siguiente:
Si bien es cierto que el obelisco fue construido como un homenaje al cuarto centenario de la fundación de la ciudad de Buenos Aires, esa construcción data de 1936, no de hace 400 años.
Pero bueno, como muchas veces hemos llegado a sospechar, la comprensión de textos no parece ser el fuerte de todos los periodistas, aun cuando debería ser una capacidad exigible en ellos. En fin, es  lo que hay.
Pero lo que parece que no hay es un adoptante para Joaquín, y me pregunto por qué, ya que él es un sol, se lo mire por donde se lo mire.

Un abrazo y hasa el próximo sábado. Graciela.

sábado, 1 de abril de 2017

¿Cómo es lo de ese crimen?

Esto lo dijo hace un par de años un periodista de radio Mitre, con relación a un homicidio cometido en Santa Rosa de Calamuchita:
...se trata del asesinato de tan sólo un joven de 22 años...
Bueno menos mal que fue uno solo, me imagino que no habría pretendido que el crimen hubiera afectado a una multitud, como parece indicar ese "tan sólo".
¿O será que esperaba una oferta especial tipo dos por uno, o cometa tres pague por uno?
¿Un joven de 22 años es poco, porque pocos son sus años?
¿Se esperaba una sumatoria de edades un poco más impactante?
¿O será que quiso decir:
...se trata del asesinato de un joven de tan sólo 22 años?
Ay, dios, los periodistas...
Para pasar el mal trago, ¿qué les parece adoptar "tan sólo" a Joaquín?
Un abrazo, Graciela.
P.S.: La imagen que ilustra el post es de este sitio.

sábado, 25 de marzo de 2017

Avanzando con mi libro Un dios para cada uno.


El que les presento hoy es el capitulo 15 del libro que ya vienen seguramente leyendo.



Capítulo 15. El dios del cura Marcelino.

Este dios comprometido y solidario del cura Marcelino era como el propio sacerdote: estentóreo, enérgico, nervioso, impulsivo y hasta violento. Movilizado por una campaña personal contra la miseria y la ignorancia, este cura enarbolaba su dios algo rústico y a veces agresivo, más que como una bandera, como una alabarda. El dios de aquel cura montaraz que me impactó en la infancia, se parecía más a un Júpiter tonante que al ancianito sabihondo que yo había entrevisto en las charlas de las monjas, que tan prolijamente se dedicaron a amargarme la niñez.

Tenía ese dios la bravura, la fibra y la grandilocuencia de Júpiter, pero sumaba a esas cualidades un código ético que le guiaba al rescate de los huérfanos, los locos y los transgresores. Como un Júpiter se reservaba pecadillos menores sobre los que afirmar su naturaleza exuberante. Porque este dios era aficionado al vino, al juego y a la buena mesa; pero como un santo del más rancio abolengo cristiano, se enajenaba en una lucha individual contra los pecados mayores: el robo, la mentira, el desamor o el abandono, todos los cuales achacaba en forma inconsciente, más que a la naturaleza humana, a los demonios sueltos en la tierra.
Siendo este dios tan apasionadamente humano, y tan fervientemente enamorado de la naturaleza, con todos sus impulsos (capaz de comprender hasta los que debería penitenciar), era por completo incapaz de creer que la maldad se aposentara en los hombres como una afición común, resultante de sus propios temperamentos; y prefería en cambio ver en cada ser ruin, poco menos que un poseído que debía exorcizar.
Por eso andaba este dios bajo la sotana del cura Marcelino, metido en luchas personales contra engendros, íncubos y diablos que se paseaban por el mundo, aterrorizando a las más tiernas ovejas, y apoderándose de las más avispadas.
Y Marcelino, como un pastor, recorría su rebaño espantando a los lobos acechantes, de maneras nada ortodoxas; ya que si era el caso de desarmar a un violento cuchillero en una pelea de borrachos, el cura se arremangaba la sotana, y repartía trompadas como el que más, hasta llamar de esta insólita manera a los contendientes, a una serena reflexión que los reunía arrepentidos, con los ojos amoratados, y algo molidos a golpes, en una cristiana pacificación, en que se daban la mano, bajo la paternal mirada vigilante de Marcelino; listo a emprenderla a patadones ante la menor señal de desmayo de este fraterno amor, apenas recuperado.
La lucha del dios de Marcelino contra la pobreza, era también una aventura personal, de difícil explicación, en la que embarcaba al sacerdote sin excesiva delicadeza. Porque Marcelino se aprovechaba sin vergüenzas de nuestra ingenuidad con los naipes, para esquilmarnos en provecho del Cacho, que andaba con el traste el aire, y que recibía los pantalones producto del juego tramposo del viejo cura, sin esbozar una sonrisa, porque el pobre no reconocía ni siquiera la diferencia entre un pantalón y una colmena.
El Cacho, el Poncho, Juancito y otro montón de loquitos seguían al cura y su dios, por una mera cuestión de seguridad. Nadie en el pueblo se atrevía a insinuar la menor burla a estos simples, en presencia de Marcelino. Hacerlo era un desafío suicida. El menor desprecio hacia sus protegidos, provocaba un rugido enardecido, y la liberación de un terremoto devastador que invocaba indistintamente a dios al diablo y a la madre que los parió, mientras repartía cariñosas bofetadas entre los burlones.
Marcelino amaba y odiaba sin sordina. Amaba a sus desvalidos. Odiaba a los que los explotaban. Y actuaba en consecuencia, sin disimulos, embistiendo como un toro a los poseídos del infierno, capaces de dañar a los débiles o a los indefensos, que en realidad no eran tales. Porque llamar indefenso a alguien protegido por el cura Marcelino, era poco menos que ridículo; ya que el ciego toro perseguidor de abusadores, era también una amorosa gallina, cuando de cobijar desventurados se trataba.
Este dios del cura, me infundía respeto, pero también temor. Me asustaba su descontrol, su desmesura. Su fuerza indomada, y su rusticidad, me asustaron lo bastante como para no hacerlo mío; tal vez por falta de agallas, y quién sabe si no por algún secreto e inconfesable rechazo a lo que excede mis categorías lógicas (elegante y cariñosa manera con que yo llamo a mis prejuicios). 

Si quieren ser un poco como Marcelino, bien podrían comenzar adoptando a un desprotegido como Joaquín.
Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.

sábado, 18 de marzo de 2017

Otra de esas genialidades.

Ustedes ya conocen numerosas traducciones de citas que he ido tomando del libro " The 2320 funniest quotes", recopilación de Tom Corr.

Half the people in Hollywood are dying to be discovered and the other half are afraid they will be.
Esto fue dicho por Lionel Barrymore, el hermano mayor de Ethel y John Barrymore, aunque su nombre real fue Lionel Herbert Blythe, que vivió entre los años 1878 y 1954, y que se inició como actor a comienzos del siglo 20. Fue conocido por su trabajo tanto en radio, como teatro, y cine.

Notable fue el hecho de que al quedar confinado a una silla de ruedas, por haberse quebrado la cadera en dos oportunidades, lejos de abandonar el trabajo, interpretó al Dr Gillespie desde su silla, abriendo todo un nuevo camino para otros actores afectados en su salud.

Y más notable aún fue que el sentido del humor no lo abandonara, tal como se demuestra en la cita que ahora les traduzco, para quienes no la apreciaron en su idioma original:

La mitad de la gente en Hollywood se muere por ser descubierta, y la otra mitad tiene miedo de serlo.
¿Hace falta aclarar que eso no ha cambiado en todos los años transcurridos desde que fue enunciado por Barrymore?  

El que espera a ser descubierto en todo su talento es Joaquín, a quien pueden adoptar con sólo escribir un comentario aquí, o mandándome un mensaje a mi facebook.

Un abrazo, Graciela.

sábado, 11 de marzo de 2017

En los tiempos que corren.

No sé si ya se los conté alguna vez, pero en los tiempos que corren, vale la pena refrescar algunas ideas.
En mi primer viaje a Alemania, por allá por 1992-93, había estallado en ese país una violenta ola xenofóbica, con ataques a las residencias de inmigrantes turcos, relativamente frecuentes.
Pero el pueblo en su conjunto repudiaba esa violencia, propia de grupúsculos de inadaptados. Y eso me quedó bien claro al leer en muchas calles la reiteración de un grafitti, que traducido al castellano, decía más o menos, esto:
Alemanes, pensemos que fuera de Alemania, somos extranjeros en todo el mundo.
Y sobre eso le vendría bien reflexionar a Donald Trump y sus fanáticos, que están yendo aún más allá de lo que la ley les autoriza, en su campaña xenofóbica.
Pero, ojo, que nosotros los argentinos nos rasgamos las vestiduras por la discriminación  de que están siendo víctimas, entre otros,  una familia cordobesa y un propietario de galería de arte argentino en Estados Unidos, pero ¿y por casa cómo andamos?
¿O acaso no nos sentimos superiores y tratamos con desprecio a nuestros hermanos paraguayos, bolivianos, peruanos o chilenos que vienen a ganarse honradamente el pan en nuestra tierra?
A mí me van a perdonar si les digo que no creo en el patriotismo cuando eso significa despreciar al otro. Permítanme creer en un ciudadano del mundo, al que el accidente de nacer bajo una u otra bandera no le menoscabe la humanidad.
 
Pero estamos tan lejos de eso, que allí encuentro otro motivo por el cual, cada vez quiero menos a la gente y más a los perros. A ellos no les importará si los adopta un chino, un ruso, un boliviano o un argentino, sólo quieren amor y lo devuelven multiplicado por mil. Gringo nunca les preguntará su nacionalidad, si deciden adoptarlo.
Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.