Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 28 de marzo de 2015

Otro Capiítulo de UN DIOS PARA CADA UNO.

Hoy les presento un capítulo muy poco ortodoxo de mi libro. Como ya saben ustedes, fue en su momento un "worst-seller" y sólo estuvo pensado para darme placer, por lo cual me permití este guiño a dos amigos de entonces, uno de los cuales perdí ya de vista. La otra, en cambio, sigue siendo mi compinche.
Aquí va el capítulo en cuestión:


Capítulo 12 y ½ .

Un dios culto disidente y particularmente dulce es el dios kármico, palabra cuyo significado ignoro (aunque me comprometo a indagar sobre él antes de que venza el plazo de 85.000 días que me he autoimpuesto)  pero que me merece un instintivo y visceral atisbo de confianza porque responde a las predilecciones de dos de las mejores personas que conozco: Silvina y Aníbal, quienes no se conocen entre sí pero coincidiendo en ser bellas personas, además han coincidido en este karma, que por eso supongo algo ha de tener.
Aquí cabe abrir un paréntesis especialmente dirigido a Silvina y Aníbal (que no es mi hijo, pese a la coincidencia de nombres, sino un colega)  para el hipotético caso de que lean estas líneas:

1º Ojo, muchachos que dije “dos de las mejores personas que conozco”, y no “las dos mejores personas que conozco”. ¡A no agrandarse  que hay diferencia!

2º El arancel por la elogiosa mención de vuestros nombres será oportunamente discutido por mis representantes en vuestros respectivos hábitats. ;D

3º Un arreglo conveniente podrá eliminar indefiniciones, asegurando para posteriores ediciones la inclusión de nombre, apellido, dirección postal, número de documento profesión y otras señas particulares a convenir. :D
Espero que les haya gustado, y que eso los predisponga a adoptar a Candela, que bien lo necesita. Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.


sábado, 21 de marzo de 2015

A no tomarnos en serio.

En este libro, que me pasó el Pulpo en versión electrónica, he descubierto verdaderas joyitas, dignas de ser compartidas, y en todo caso, traducidas, para facilitarles la vida a los lectores que no manejan el inglés.
I have little feet because nothing grows in the shade.
——Dolly Parton
Y lo que está diciendo Dolly, conocida por su abundante delantera (natural) es: "Tengo pies pequeños porque nada cree a la sombra" ¿No es genial cómo se toma a sí misma en broma?
Un sentido del humor como ése tiene también Malvina, a quien pueden adoptar, con sólo dejarme un comentario aquí mismo.
Un beso y nos vemos el próximo sábado. Graciela. 

sábado, 14 de marzo de 2015

Otro reconocimiento literario.

El año pasado, por allá por mayo, me llegó el anuncio de que mi relato "Pájaro con miedo" había recibido una Mención de honor en un certamen Internacional, llevado a cabo en Junín, Provincia de Buenos Aires.
Lo que ven en la imagen es el diploma escaneado. Como la publicación no formaba parte de las condiciones del concurso, antes de que el cuento se pierda definitivamente, lo presento aquí, aunque debo confesar que en mi propia "escala gustométrica" está muy abajo.
Efectivamente, no lo puedo calificar con más que cuatro, porque nunca me pareció demasiado logrado, y sólo lo mandé al certamen por dos razones: 
  1. Porque daba la longitud requerida, a diferencia de otros que me gustan muchísimo más y que se salen de los límites estipulados en las bases, ya sea por exceso o por defecto.
  2. Porque cuando los cuentos me son muy queridos los reservo para concursos que comprometan publicación y alguna difusión que supere los límites modestos de este blog. Y no era éste el caso.
Como quiera que sea, el cuento es el siguiente:



PÁJARO CON MIEDO
             Por Graciela L.Argüello

     Cuando lo veía sobre sí, luchando internamente por controlarse por un momento más, y sacudido por la culminación de un primitivo placer, se sentía invariablemente invadida de ternura. Observar su rostro contraído en ese rictus conocido y amado, que era en parte liberación, en parte gozo, en parte intención de un último esfuerzo de control, y escuchar ese murmullo querido, que penetraba en sus sentidos, como un instrumento más con que él la poseyera, la arrojaba a su vez, en un infinito mar de plenitud.
     ¡Si pudiera capturar ese momento y hacerlo durar eternamente!...
No podría ser. Nora estaba siempre absolutamente consciente de las limitaciones de su relación con Rogelio. Por eso precisamente se aferraba a los breves espacios que en sus locas carreras se podían mutuamente conceder.
Y seguramente por eso también, guardaba una parte de sus emociones con miedosa avaricia, como un seguro que le permitiera reconstruirse después.
Rogelio tenía más endurecida la piel, más asegurado el control de toda la situación. Ya llevaba muchas más mentiras de amor marcando su existencia. El no necesitaba mezquinarse porque no corría el riesgo de darse por entero. Sabía mucho más.
Y juntos, Rogelio y Nora fabricaban la dicha.
Se habían conocido tanto tiempo atrás, y se habían descubierto, sin embargo, tan recientemente, que era cada día mayor el asombro y el deslumbramiento. Habían rozado tantas veces la posibilidad, sin darse cuenta, que encontrarse, sin matices, en el vórtice de una total locura, de la que se habían creído tan a salvo, había arrasado en parte con su prudencia.
Cada uno regresaba a su manera, con las marcas de una relación anterior, y habían pensado ambos que ese amigo, siempre a mano, y aparentemente tan dueño de sí, sería un calmo remanso donde reparar las heridas, sin demasiado compromiso, y sobre todo, sin sobresaltos.
Pero ese desenfreno, ese desborde, no lo habían imaginado. Ni Nora, que había creído encontrar básicamente un sereno compañero, que la apuntalara en sus soledades; ni Rogelio, que había supuesto un paréntesis de discreto romance, junto a una de las pocas mujeres que le inspiraban más camaradería que lujuria.
Cuando se operó lentamente el cambio sutil en la relación, la experiencia los alertó a ambos, pero la amistad  los inhibió por largas semanas. Nora supo que bastaban leves señales, y las fue dosificando, mientras se autoconvencía de que Rogelio podía ser una opción medianamente aceptable.
Él se limitó a acatar las indicaciones que su larga historia le había enseñado a evaluar. Tenía más curiosidad que deseo, y fue avanzando o deteniéndose según el ritmo al que se movía Nora, que en su siempre desconcierto, dudaba entre ese Rogelio que podía ser tan llevadero, o ese Gerardo que insistía en imponerle su presencia, y del que ya sabía que sería una renovada tormenta.
Eligió lo que creía que sería como una cura de reposo, descubriendo, demasiado tarde, que la desmesura la había hecho su presa… Pero también la felicidad.
Rogelio fue igualmente desbordado. Tampoco él creyó posible lo que sobrevendría.
Esas locas noches de morderse los labios mutuamente, enardecidos los sentidos, y ahogados de emoción, jadeantes, despeinados, aturdidos de placer. Dando y recibiendo infinito amor, ternura y fuego. Esos lánguidos abrazos en la cama, con los cuerpos deshechos, y el pecho aún en llamas.
Los despertares, siempre tarde, en que le robaban aún un tiempo más a la rutina para amarse otro poco todavía.
Las charlas en la madrugada, compartiendo un cigarrillo, con las manos, ya enlazadas, ya liberándose para correr a los lugares tan queridos de esa otra piel en la que sabían desencadenar terremotos.
Ni habían tampoco sospechado que tendría cada uno para el otro, tan inevitable atractivo. Que serían sus ojos como imanes. Que verse y desearse serían la misma cosa. Que sus  cuerpos tendrían tal recíproca avidez. Que sería imposible el primer roce, sin provocar el estallido de mil caricias más. Y que un beso levísimo podría movilizar tantas ansias.
Se bebieron uno al otro, con una sed de siglos, y se atrevieron a quererse. Pero Nora...
Cuando Nora regresaba de esas noches de absoluta perfección, todo lo demás le sabía a fracaso. Para cada fiesta de libertad, era la contrapartida, un largo vacío de nostalgia y tristeza. Un desangrarse aprisionada en una realidad que sólo se apartaba del cauce monótono y sombrío del transcurrir cotidiano, cuando sobrevenían las inesperadas orgías de una extraña forma de violencia.
Cuando Víctor parecía enterarse de su existencia, era casi siempre a través del grito, de la agresión, la ofensa. Estúpidas actitudes que la empujaban cada vez más hacia una peligrosa adicción afectiva por Rogelio, del que sabía que no debía enamorarse.
Nora había intentado algunas huidas, cuando aún podría haber roto las sutiles ataduras que la iban uniendo a Rogelio, y había fracasado, volviendo a sus brazos, cada vez más hambrienta de él, y más asustada.
Porque cada intento fallido de volar, la iba preparando para un posterior desgarramiento mucho peor.
La iba dejando más inerme para ese fatal momento en que el cariño de Rogelio, siempre tan volátil, se desplazara hacia una nueva destinataria. Ominosa posibilidad que él no dejaba de recordarle, cada vez que se producía un pequeño tropiezo en su relación.
Los temores de Nora, no obstante, se esfumaban cuando él ejercía esa magia tan suya, que transformaba un beso en una morosa exploración donde inventaba el placer con cada roce. Cuando él tomaba su mano, o cuando deslizaba tiernamente los dedos por su piel, hasta estremecerla de júbilo y deseo.
Nora vivía de verdad cuando tendía su desnudez sobre la de él, y bebía su sabor con cada poro de su cuerpo. Cuando le arremolinaba el pelo, tan insospechadamente suave, y se arrojaba a mirarlo hasta el fondo de los ojos.
Cuando lo besaba dulcemente, descendiendo por su pecho, hasta encontrar cada uno de los rincones que lo enloquecían, y que ella conocía tan bien.
O cuando él le apretaba el talle en circular abrazo, o cuando le desplegaba con los labios todo el posible placer.
Pero toda esa felicidad, ese alborozado descubrirse, amedrentaba a Nora, que ya se sabía cada vez más entregada, y que no quería a eso resignarse.
Nora y sus miedos.
Nora y sus fantasmas.
Nora que quería huir antes de que llegara el hastío.
Nora que se debatía estremecida entre su necesidad de él, y su urgencia por ser libre de esa misma necesidad.
Y Víctor siempre lastimándola.
Y Gerardo siempre al acecho.
Y ella siempre asustada.
Rogelio, siempre tan entero, tan seguro, tan prescindente.
Nora, un pájaro atemorizado que quería volar antes de que la jaula del dolor le cercenara el vuelo.
Rogelio, un cóndor, siempre un poco demasiado distante.
Víctor, la amenaza de un halcón cada vez más violento.
Gerardo, un águila eternamente vigilante.
Y Nora, pájaro con miedo, despedazada al fin por todos ellos, alzó su vuelo solitario una cálida noche de verano, que parecía demasiado hermosa para morir de amor y desconcierto...


Espero que se enamoren ustedes, también tan fieramente de  Candela y le ofrezcan una familia. Un beso y hasta el próximo sábado. Graciela.

sábado, 7 de marzo de 2015

Otro nanocuento

Después

Un largo vacío...y después, vos.
Espero que en esas seis palabras entiendan una historia- sobre todo alguien en particular- porque ésa es la consigna en el género nanocuento. Seis palabras que deben decirlo todo.

Y para variar, hoy traigo nuevamente a uno de los ADT, Cachito, que sigue sin encontrar un hogar definitivo. Con él inauguro la modalidad de interrumpir de vez en cuando el estrellato de un ADT, para recordarles a los que siguen en el refugio y a la espera.


Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela

sábado, 28 de febrero de 2015

Para pensar un poquito

                 
Una excelente novela de suspenso es "El chino" de Henning Mankel, y si uno está alerta a todo lo que lee, puede pescar parrafitos muy interesantes, que lo dejan a uno pensando.
Vean éste, y díganme después, si no les parece muy actual, y muy aplicable a situaciones casi cotidianas, -independientemente del signo ideológico involucrado- sobre todo en un país como el nuestro. 
El diálogo que seleccioné se produce en la primera década del 2000 entre una sueca, que participó en su juventud de movilizaciones pro comunistas en su país, y una china todavía militante en el momento de la conversación.

Dice primero la sueca:
..."-Cuando era joven deseaba con todas mis fuerzas, marchar con el libro rojo de Mao en mano, rodeado de otros miles de jóvenes. Tú  y yo somos más o menos de la misma edad, ¿cuál era tu sueño?
-Yo era una de los que marchaba entre esos miles.
-¿Convencida?
-Todos lo estábamos. ¿Has visto alguna vez un circo o un teatro lleno de niños? Suelen gritar de alegría. No necesariamente por lo que ven, sino por el hecho de encontrarse junto con otros miles de niños bajo una carpa o en un teatro. Sin profesor y sin padres. Ellos dominan el mundo. Si hay una cantidad suficiente de gente, uno puede convencerse de cualquier cosa".

Esas palabras finales son de verdad agudas, ¿no les parece? Los dejo pensando, no solamente en eso, sino también en la posibilidad de adoptar a Candela que está a la espera de una familia.

Un beso, y nos vemos el próximo sábado. Graciela.
La imagen que ilustra el post la tomé de este sitio.

sábado, 21 de febrero de 2015

Esa mirada...esos ojos...

Hoy quiero compartir con ustedes un párrafo de otro autor, extractado del libro " En los ojos de Sasha" de Antonio Santa Ana.
El libro narra la lucha del autor con una enfermedad tan estigmatizante como el SIDA, y allí se lee: 

Uno de los motivos porque quiero tanto a este perro es por sus ojos. Desde que estoy enfermo la gente me mira de distintas maneras. En los ojos de algunos veo temor, en los de otros intolerancia. En los de la abuela veo lástima. En los de papá enojo y vergüenza.En los de mamá miedo y reproche. En tus ojos curiosidad y misterio, a menos que creas que mi enfermedad no tiene nada que ver con que estemos juntos en este momento. Los únicos ojos que me miran igual, en los únicos ojos que me veo como soy, no importa si estoy sano o enfermo, es en los ojos de mi perro.
¡Cuántas verdades juntas!!!!
¡Cuánto amor incondicional y sin prejuicios nos dan los perros! ¡Y qué mal les pagan algunos!
Como les he contado muchas veces, parte de mi tarea por los perros es acudir a distintos espacios comunitarios (escuelas, clubes, jardines de infantes, etc.) llevando un mensaje de tolerancia y amor hacia los animales. De hecho, el power point que presento y que da nombre a las charlas, tiene por título: "Humanos y animales una convivencia posible y enriquecedora",
Y ¿por qué les cuento esto? Porque nunca, NUNCA en todas las charlas que llevo presentadas, faltó alguna anécdota relatada por alguien del público, revelando esa comprensión, ese amor incondicional, esa total entrega, no sólo de los perros, sino también a veces de gatos, conejos, y hasta loros.
Y entonces, ¿cómo es que no somos capaces de recrear el sistema de modo que los incluya de manera más respetuosa y amigable?
¿Cómo es que todavía hay tantos animalitos en los refugios, esperando que se les restituyan los derechos que les fueron negados desde su nacimiento mismo, tal vez por no responder a los stándares de una raza, por otra parte, inventados por el hombre?
Sueño con ese día en que los proteccionistas no tengamos ya lugar en el mundo, porque los animales, por el solo hecho de estar vivos, y sentir, amar, disfrutar y sufrir, sean protegidos por TODOS los humanos del planeta.
Mientras tanto, mi sueño de hoy es más modesto: sueño con un hogar para Felisa.


Un abrazo y nos vemos el próximo sábado. Graciela.