Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

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sábado, 16 de marzo de 2019

Nanocuento


Mi cuento estrictamente en seis palabras, de hoy es éste:



SUPERACIÓN.

Podré superarlo- dijo, apretando  el gatillo. 

Y mi pedido de siempre- y miren que tengo el dedo en el gatillo- es ¡adopten a Gigí!
Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.
P.S.[ La foto que ilustra el post es de este sitio.

sábado, 9 de marzo de 2019

Penúltima entrega de Un dios para cada uno



Hoy les presento la penúltima entrega de mi libro "Un dios para cada uno".

Capítulo 19
El Hermano.
El Dios Hermano, tendría la ventaja de lo tácito. Me habría visto nacer, crecer y equivocarme. Y lo habría ido haciendo él también a mi lado.
Sabría sin explicaciones los históricos por qués de cada uno de mis errores. Y podría ir,  como lo hace mi hermano, un paso adelante diciéndome:
-“ Pará, Nena, doblá para allá porque acá te vas a hacer pelota”.
Y como hago con mi hermano, yo desoiría su consejo, y me haría, por supuesto, cumplidamente pelota. Pero ese Dios Hermano tendría la magia y el poder, que un hermano a secas no tiene, de  remendar rápidamente mis heridas, pasar la mano por mi frente y alejar todo recuerdo de dolor, de modo que anduviera el camino sin marcas de los choques, y con el alma sin lastimaduras.
Por ser hermano, sería comprensivo, por ser Dios sería sabio. Y esa sabiduría y comprensión me darían el marco suficiente para sentirme protegida, iluminada, segura. Un Dios Hermano, que por conocer mis flaquezas, no me sometería a pruebas en las que se sabe de antemano que voy a perder. Ni me reprocharía después cuando no saliera triunfante. Este Dios Hermano compartiría mi risa y mi llanto, sin pedir aclaraciones por ninguno de ambos. Pero por ser mi hermano, contaría además con que yo le pusiera el hombro cuando fuera él quien regresara de un vuelo, con las alas quebradas y, ¿qué dios requiere consuelo?
Este dios mío no sería perfecto si necesitara cobijar en mi abrazo estremecido, alguno que otro quebranto. Pero no sería este dios tampoco mi hermano, si yo no fuera algún día el refugio de su desamparo. Y otra vez aquí estoy endiosando un sentimiento. Intentando con inacabable forcejeo, encaramar en los altares algo menos vago que dios, pero más imperfecto: otra forma de querer, otro matiz de amor.

Y como si fueran dioses, pueden ustedes también cambiarle la vida a cualquier perrito como Gigí, por el sencillo trámite de adoptarlo y darle un hogar feliz hasta el fin de sus días.
Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.

sábado, 2 de marzo de 2019

Este tema de las bodas de...

Hace unos días les prometí explayarme - con humor, claro- sobre los diversos materiales que la tradición relaciona con los sucesivos aniversarios de bodas. 
Hoy haré una introducción general, y después, en distintos posts iré hablando de cada una, salvo por supuesto de las bodas de porcelana, de las que ya he escrito un post hace años.
En este primer post, sólo explicaré cuál es, a mi criterio, la razón de la designación elegida para cada aniversario. Después, les repito, en los otros posts que haga, divagaré extensamente sobre lo que me sugiere el nombre. 
Hagamos pues el listado.
Bodas de Papel, porque al final y al cabo, están para llenarlas de borrones, y siempre corren el riesgo de acabar en la papelera.
Bodas de Algodón, porque todavía no amerita más que alguna planchadita cada tanto, y puede tirar un tiempo antes de deformarse y desteñirse.
Bodas de Cuero, porque ya pinta para ir durando, pero igual se pela y se desluce con relativa facilidad.
Bodas de Frutas,  porque es lo que uno termina mandándole a su cónyuge todo el tiempo.
Bodas de Madera, en homenaje a los antiguos cepos con los que se castigaban las inconductas hace un par de siglos.
Bodas de Azúcar, porque es lo que hay que ponerle para seguir adelante sin desfallecer por el camino.
Bodas de Lana, en alusión al material que constituye las patas del principal colaborador del matrimonio.
Bodas de Roble, porque es la clase de salud que hay que tener para  no morir en la empresa.
Bodas de Lata, y sí, son una lata.
Bodas de Acero, más específicamente de acero quirúrgico, porque uno se siente todo el tiempo como si estuvieran por operarlo de algo, aunque no sepa muy bien de qué.
Bodas de  Seda, por identificación con los gusanos que la producen.
Bodas de Encaje, porque uno ya se está preguntando "¿y a éste/a, cómo me lo/a encajaron?"
Bodas de Marfil, como homenaje al sacrificio de los elefantes...y al propio también.
Bodas de Cristal, frágiles, frágiles...
Bodas de Porcelana, Vayan a leer el post, ¡caramba! ¡No esperarán que les explique todo de nuevo!
Bodas de Perla, y sí, comienzan como una úlcera, pero pueden generar algo bonito...a veces.
Bodas de Coral, permanentemente amenazadas de extinción, si no se toman medidas inteligentes.
Bodas de Rubí, y bueno, si llegaron hasta acá, se las puede considerar una piedra preciosa, porque cumplen los requisitos de rareza, dureza y puede que hasta de belleza, o algo que se le parezca.
Bodas de Zafiro, duras, duras de dureza, y duras de durar...
Bodas de Oro, porque todo el mundo quiere tenerlo, pero muy pocos se lo pueden permitir.
Bodas de Esmeralda, una gema carísima, pero muy ornamental...si uno se la banca, claro.
Bodas de Diamante, una auténtica rareza, ¿porque quién llega a los 75 años, casado, con memoria como para darse cuenta, y por último con ganas de festejarlo?

Y una perlita final, ¿se fijaron que en el listado, que saqué de Internet, no figura el octavo aniversario? ¿Será como un año sabático que uno puede tomarse para recargar las pilas antes de volver al yugo?

Espero que les haya  parecido entretenido, pero si se les ocurre compartirlo en las redes, o por whatsapp, por favor mencionen mi autoría y la fuente de origen que es este blog, porque todo esto está protegido con IBSN.

Y como siempre, para despedirme,  nuevamente un pedido de adopción para Gigí, o cualquiera de sus semejantes. Un abrazo y hasta el próximo sábado, Graciela.

La imagen  que ilustra el post es tomada de este sitio.

sábado, 23 de febrero de 2019

Hoy, algo diferente.

Este post resulta de dos circunstancias muy especiales y diferentes, que paso a explicarles a continuación.
En primer lugar, como ustedes ya saben, Mikartita Sabeuntoko, no es más que un personaje inventado por mí como un delirio humorístico más; y sin embargo, se transformó en "invitada especial" a un congreso, tal como les conté en este post. 
En segundo lugar, luego de analizar las estadísticas del blog observé que los posts más visitados son, junto con el de las bodas de porcelana (otro delirio bastante absurdo), los que aluden al "horóscopo mikartiteano". Sí, otra vez la tarotista inexistente... 
Así, pues, en vista del interés de la gente por los horóscopos y otras yerbas, se me ocurrió invitarlos a visitar en mi otro blog, el científico, el post correspondiente al listado en que la imaginería popular atribuye una gema a cada signo del zodíaco. 

Aquí es donde pueden leerlo.

De paso les cuento, que muy probablemente, y en vista del interés ya mencionado más arriba, en algún momento escriba un post sobre las bodas de oro, plata, diamante, titanio, o lo que pomo exista. Pero primero tengo que averiguar bien cuáles son los materiales, y a qué aniversarios corresponden.


Y como siempre, para despedirme,  nuevamente un pedido de adopción para Gigí, o cualquiera de sus semejantes. Un abrazo y hasta el próximo sábado, Graciela.
P.S.: La foto que ilustra el post - totalmente movida y fuera de foco- ilustra también mi opinión acerca de las posibilidades de "ver el futuro" a través de un horóscopo.  Queda librado a la interpretación del lector...

sábado, 16 de febrero de 2019

Un post totalmente diferente.

Hoy mi post es totalmente distinto a todos los demás. Porque se trata de una consulta abierta a mis lectores.
Primero, les pediría que vayan a leer los posts de la etiqueta "Con el alma desnuda",  y luego díganme si les parece que un libro con ese tipo de literatura podría llegar a ser atractivo como para que se vendiera una versión en pdf, vía internet. 
Y ahora les aclaro dos cosas: por un lado, lo que sucede es que revisando viejos papeles, encuentro que puedo armar más de un tomo con esa clase de textos correpondientes al género prosa poética. Pero organizar todo ese maremagnum, merece algún incentivo, y antes de poner manos a la obra, les pregunto a ustedes si estarían dispuestos a leer esa clase de material, y más importante aún, (para mí, desde luego), es si lo comprarían (baratito, baratito, lógicamente) en la red.
Lo segundo es aclararles a qué se refiere el género Prosa poética, que puede llamarse también prosa intimista, y que yo a veces llamo "estilo bolud, libres divagaciones". Se trata de textos en los que no se asume la forma de poesía, pero cuyo contenido tiene mucho del lirismo que caracteriza a los poemas. Tampoco narra historias como en el género cuento, aunque a veces están allí, y se las puede imaginar entre las líneas; sino que se describen emociones, sensaciones, sentimientos, fugaces encuentros o desencuentros, con uno mismo y con otros. Y esos "otros" pueden ser amantes, amigos, recuerdos, animales, nostalgias o paisajes- exteriores o interiores... En fin, todo un mundo, en el que como reza la etiqueta que les mandé a leer, se desnuda el alma.
Y por eso a veces he designado también al género prosa poética como "pornografía espiritual", porque contiene sentimiento explícito.
Así pues, les consulto: ¿emprendo o no la aventura de juntar en un libro todos esos retazos de mis vidas, reales e imaginarias, disfrutadas y padecidas, solitarias o compartidas? ¿Valdrá la pena? 
Y por último una pregunta mucho menos hipotética: ¿quién va a adoptar a Gigi?
Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.

sábado, 9 de febrero de 2019

Un nanocuento más


Mi cuento en seis palabras de hoy es éste:



JUSTICIA.

No detengan ahora mi mano justiciera.
 

Y uno de los  seres que todavía busca hogar es Gigí.

Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.
P.S.: La foto que ilustra el post es de este sitio.

sábado, 2 de febrero de 2019

Algo para compartir.

Los que me conocen saben, sin dudas, que soy un bicho juntapapeles, y precisamente revolviendo entre ellos, encontré este diploma que me enorgullece, y que quiero compartir hoy con los lectores de mi blog. Ya sé que les he contado sobre esto antes, pero acá está la prueba, que no recuerdo si subí alguna vez. Y bueno...mi amnesias parciales también tengo... (Y encima puedo usar el argumento de la Sra Mirtha Legrand: "el público se renueva").
Señoras y señores, con ustedes, ¡¡¡chan cha  cha chan!!, mi diploma de Embajadora de la Palabra, otorgado por la Fundación César Egido Serrano, del Museo de la Palabra, de España:

Y uno de los  seres que más se alegró cuando me lo otorgaron,  fue mi princesita Layka, que está cumpliendo sus primeros 17 añitos, y que ven en la foto de la derecha. Otra que compartió mi alegría y que todavía busca hogar, es Gigí, que está en la otra foto.


Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.
P.S.: La foto es de Bora Bora, en la Polinesia Francesa, con uno de los fabulosos pareos que son la principal producción de la isla. La incluyo para que no crean que sólo sé sentarme en una biblioteca. ¡También disfruto la vida, y de qué manera!