Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 31 de marzo de 2012

Otro capítulo de "Un dios para cada uno"




Ya les he explicado muchas veces que si quieren leer el libro completo ( o al menos hasta donde ya lo he ido subiendo) deben ir a la etiqueta "Un dios para cada uno" y leer de abajo hacia arriba, es decir de lo más viejo a lo más nuevo.

Hoy va otro capítulo de la parte correspondiente a LOS DIOSES MEDIO PELO


Capítulo 8
El dios de mi verdulero.

Este dios, bien de barrio, bien de esquina bulliciosa, bien de pregón mañanero, es un dios ignorante pero astuto, incapaz de hacer daño sin provecho. Un dios muy terrenal, bastante bruto, pero con picardía y gracejo suficientes como para descontarle algunos pecadillos menores, y casi, casi, comprenderle algunos mayores; que nunca son ni tantos ni tan enormes. Es un dios capaz de mirar para otro lado mientras mi verdulero pesa de más y da vueltos de menos. Es invocado en toda fecha religiosa, como parte de la transacción comercial. Un dios muy utilizable, a la hora de vender acelgas para tartas de Pentecostés, o indexar los precios de melones y ananás para las fiestas navideñas.

-“¿Qué va a hacer de rico pa’ la vigilia, doña? Acá tengo espinacas y acelgas especiales, seguro que le salen unas empanaditas pa’ los dioses”

Y sale otra vez el dios del verdulero, pero ahora niñito recién nacido con la oferta de la fruta para el “clericó” de Nochebuena.
Y es el dios de los juramentos y las promesas a las empleaditas crédulas, y el de los muchos refranes y pseudocitas bíblicas:
Al que madruga Dios lo ayuda y se va mi verdulero bien tempranito al mercado, a sacar tanta ventaja como pueda con semejante ayudante, en su compra y en su futura venta.
-“Sí, doñita, las chauchas son frescas (y que dios me perdone la mentirita a la vieja)”
Este dios frutihortícola no es en realidad un dios demasiado peligroso, puede que a lo sumo resulte algo predispuesto a determinados papelones, y a rapiñas pequeñas, que al cabo y a la postre hasta se consideran simpáticos cuando no afectan a los bolsillos propios sino a los de otros, más ilusos o más distraídos que nosotros, tan alertas, tan terrenales, y a veces también tan verduleros.






Bueno, si lo piensan bien, una buena transacción sería darle un hogar a Tolón a cambio de todo el amor, compañía y fidelidad que él puede dar a su vez.


Un beso Graciela

2 comentarios:

Terox dijo...

Bueno, gracias a ese dios aprendí que las chauchas son nuestras vainicas... y dado que esas mentirillas son fácilmente demostrables con una simple inspección del producto a adquirir, aquí se aplica otro dicho muy popular: "Al que es tonto ni Dios lo quiere"

Graciela L Arguello dijo...

Y yo aprendo lo inverso, Terox, ahora compraré vainicas, jajja, pobre mi verdulero.