Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 13 de abril de 2013

Otro de mis cuentos publicados en libros

Ya saben ustedes cómo funciona esto. 
Primero les presento el escaneo de la tapa del libro en que este cuento aparece (y esta vez también la contratapa); luego la imagen de la dedicatoria, que con bastante humor me hago a mí misma en el ejemplar que guardo para mi uso personal; y después les digo la nota que yo misma le pongo en la "escala gustométrica", y que para este cuento es un siete. O sea: no es de mis favoritos, pero no está tan mal.


Todavía agrego la cita bibliográfica, y por fin, les presento el cuento mismo.
 
Argüello, Graciela L.2001. LA DECISIÓN. Cuento.—Publicado en Antología 2001 de POEMAS Y NARRADORES CONTEMPORÁNEOS (en tres tomos) Tomo 1, pág 7. Editorial de LOS CUATRO VIENTOS.

LA DECISIÓN.
por Graciela L. Argüello
para C.A.A.

"Yo amé a este hombre”, pensó Ivanna en la oscuridad, con una cierta tristeza. La soledad, el insomnio y el frío la empujaron hacia el durmiente, al que rodeó con su brazo, adivinando aun antes de rozarlo que tropezaría con un cuerpo transpirado e inerte, cuya única reacción sería un crescendo de ronquidos. La invadió la tan conocida sensación de hastío y de rechazo.
"Yo amé a este hombre" repitió en silencio Ivanna, encendiendo su velador para observarlo desparramado en la cama, sin afeitar y descuidado. Sintió una lenta nostalgia de aquel tiempo en que él se afeitaba por las noches, para besarla largamente sin lastimarle la piel. Cuando acercarse a él era sentirse inundada en la frescura de su colonia after shave, y cuando el roce de su cuerpo lo despertaba sediento y enamorado. Cuando él cuidaba para ella su cuerpo, y era esbelto y flexible como un guerrero.
Matías era ahora un gordo bulto yacente y roncante que no receptaba la señal de su urgente deseo.
Ivanna se levantó para correr al baño y con un gesto maquinal, parada frente al espejo se fue quitando el camisón y el slip para mirar su desnudez. Su carne de cuarenta años cuidada y entrenada en largas sesiones de gimnasia.
Una sentadora madurez. Un cuerpo que cualquiera- excepto Matías, claro,- encontraría apetecible.
Le quemaba la garganta un grito contenido. ¿Por qué? ¿Por qué tantos insomnios de los que Matías ni siquiera llegaba a percatarse?
¿Para qué esforzarse en gustarle, si él ni siquiera la veía?
La sensación de permanente derrota que la perseguía desde hacía meses, la traspasó como un disparo.
Desnuda frente a sí misma se prometió que nunca más. No más frustración ni más insomnios.
Abriría la puerta del balcón, y se dejaría caer hasta derramar su soledad en la vereda, seis pisos más abajo: Ivanna huiría
O correría hacia la noche infinita, con todos sus sueños por único equipaje: Ivanna sería libre.
O mejor aún, en esa loca hora de la madrugada, tomaría el teléfono para decirle a Miguel, a quien no amaba, que estaba lista para él, que en realidad lo necesitaba: Ivanna se mentiría un amor.
Tres opciones, tres caminos, e Ivanna, ya sin control, arrojada como una flecha que no puede volver. Indecisa aún entre las tres puertas que la alejarían igualmente de ese vacío fatal que llevaba meses anidado en su alma, regresó al dormitorio y susurró:

-Matías...

Él se removió en el lecho y masculló una protesta:

- Apagá esa luz, ¿querés?

Ivanna volvió al baño. Quería emprender su camino, ya fuera huir, ser libre o intentar el amor, con un aspecto triunfal.
Se duchó, se maquilló con cuidado, y se vistió toda de fiesta, a las tres de la mañana. Cuando se miró una vez más en el espejo del dormitorio, ya tenía una decisión tomada...
 Bueno, ustedes no sean tan inertes como el personaje masculino del cuento, y pónganse las pilas para conseguirle un hogar a Basia, no vaya a ser que ella tome una de las decisiones de Ivanna.

Un beso y nos encontramos el próximo sábado. Graciela.

2 comentarios:

Terox dijo...

¿Y por qué no las tres opciones juntas?

Echa a Matías por el balcón, y llama a Miguel para que la lleve de fiesta!

Graciela L Arguello dijo...

¡Qué buena idea, Terox ! Habrá que decirle a Ivanna. Beso