Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Lo que las palabras dicen de nosotros.


Hoy estuve escuchando un reportaje a una persona "no vidente" como se ha dado en llamar a los ciegos desde hace algún tiempo a esta parte.
Y me puse a pensar a contrapelo de lo políticamente correcto, como es mi costumbre.
Porque se me ocurre que la cantidad de eufemismos que se han comenzado a utilizar desde hace algunos años, si bien fueron originalmente pensados con la mejor y más generosa de las intenciones, lo que hacen en realidad es desnudar nuestros propios prejuicios y dejar al descubierto cuán profundamente discriminatoria es la sociedad en la que vivimos.
Antes de que se dispongan a lapidarme, permítanme que les explique cuál es mi punto.
Hoy prácticamente se han erradicado términos como "ciego", "negro", "sordo", "enano", etc., reemplazándolos por expresiones como "no vidente", "persona de color", "disminuida acústica", o "persona pequeña".
Y esto se ha hecho para no ofender a las personas así denominadas. Pero, ¿por qué? Porque lamentablemente en nuestras mentes discriminadoras (en el mal sentido de la palabra) hemos conferido a las palabras originales una carga ofensiva, que nunca debieron tener y que nada justifica.
Para que quede más claro mi análisis, ejemplifico con mi propia persona. Yo soy flaca, pero nadie me llama "no gorda", me dicen flaca y nadie considera eso un disvalor, simplemente porque nadie le ha dado una carga negativa a la palabra flaco... todavía, por lo menos.
En cambio, cuando no nos atrevemos a decir "ciego" es porque en el fondo del pensamiento está instalado el término con una connotación negativa socialmente.
Sin duda se trata de una dificultad, pero que ya en este estado evolucionado de la sociedad, no tiene por qué significar exclusión, ni estigma. 
Millones de personas han demostrado y demuestran cada día que pueden ser independientes, exitosos, felices, admirables y admirados, independientemente de sus circunstancias. Entonces, ¿por qué pretendemos desdibujar esas circunstancias o mencionarlas a través de extraños giros idiomáticos?
Sencillamente, porque los términos originales dejaron de ser neutrales y objetivos, y se fueron cargando con los prejuicios de la sociedad, hasta adquirir connotaciones peyorativas o discriminatorias que nunca debieron tener.
Vean por ejemplo cuando se habla de una persona de color. ¿De qué color? ¿Verde, turquesa, fucsia? ¿Por qué no podemos usar el término negro? Porque nuestras estúpidas ideas preconcebidas le adicionaron a la palabra, significados que nunca debió adquirir.
Vuelvo al punto original. y aclaro que no pretendo ni siquiera sugerir que se vuelva a las palabras que hoy parecen "malas palabras" sin ningún fundamento.
Sólo quiero hacer notar que esas palabras, tan trabajosamente acuñadas, están poniendo al desnudo más cosas acerca de la sociedad que se vio compelida a generarlas, que todo un estudio psicológico.
Si alguna vez se consideró que una palabra era ofensiva, ese hecho en sí mismo, pone al descubierto que nuestra perversa sociedad no tuvo la capacidad de abstenerse de emitir juicios de valoración a priori, sobre las personas involucradas. Por el contrario, las rotuló, y ese rótulo tuvo una carga tan injustamente negativa, que en algún momento fue necesario inventar otras maneras de nombrarlas.
Triste lo que dicen las palabras acerca de los humanos como comunidad y grupo social.
Y esto me lleva a considerar cómo los animales que sobreviven a una mutilación o  tienen pérdida de visión o de audición, generan estrategias para seguir viviendo sin autolimitarse, simplemente porque no se autocatalogan ni catalogan a los demás miembros del grupo como diferentes.
Muchas veces, por ejemplo, perros a los que les falta una pata corren y juegan exactamente igual que los demás, porque ni siquiera parecen tomar nota de falta alguna.
Eso es lo que las palabras dicen de los humanos. Que no llamamos a las cosas por su nombre, porque hemos cargado a los nombres con un montón de preconceptos y emociones negativas no justificadas.
Ojalá hayan entendido el núcleo al que apunto, y no se queden en la superficie de lo que quiero expresar.
Y ojalá hayan entendido también que Alelí, está necesitando un hogar de una buena vez por todas.

Un abrazo y hasta el sábado próximo. Graciela.
P.S.: La imagen es de Google, de este sitio  http://therockchurches.com/focus-on-him/

2 comentarios:

Terox dijo...

Cuanta verdad hay en este post... en el fondo es una muestra más de la hipocresía humana...

De hecho, ya "persona de color" está en la categoría de ofensivo y acá quieren utilizar "afrodescendiente". Lo cual también es una forma de discriminación para los ancestros no "africanos" de la persona en cuestión... o no? y en ese caso, yo qué sería? amerindiodescendiente? europeodescendiente? (solo para mencionar las dos líneas más probables)

Lo peor es que a veces es un mal remedio para un síntoma y no la enfermedad. No dudo que haya mucho racismo en la sociedad, pero la palabra negro o negra no tiene necesariamente una connotación peyorativa. Mi cuñado (rubio y de ojos azules) le dice Negra a su esposa (morena)...

Lo que hay que cambiar es el sentimiento detrás de las palabras, y no las palabras en sí...

Graciela L Arguello dijo...

Exactamente, Terox , las palabras no son buenas ni malas, pero desnudan la mala voluntad de las personas que las cargan de emociones negativas. Y muy parecido a tu caso, una de mis tías (la más joven) de ascendencia italiana tenía por apodo "Negra" porque era la única de cabello oscuro entre las hermanas, y sin embargo, su piel era superblanca, y tenía los ojos del más hermoso verde que he visto en mi vida. Y a nadie se le ocurría que la palabra negra fuera ofensiva, por lo cual el apelativo se lo dieron quienes más la amaban. Si la sociedad no hubiera puesto un acento equivocado en tantas palabras, no habría que acuñar otras en su reemplazo. Ellas revelan nuestros propios defectos, no los de las personas a las que aludimos. Ser negro, o gordo, o ciego no es malo, malo es no aceptar esas características como parte de una natural diversidad. Un beso.