Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 4 de junio de 2016

Sigue otro capítulo de mi libro "Un dios para cada uno"

Sigo compartiendo con ustedes los capítulos de mi libro. Hoy el décimotercero.

Capítulo 13.

El de Mi Hermano El Pobre.

Este Dios es más que meramente celestial, este dios es extragaláctico, como extragaláctico es mi hermano El Pobre, una especie de Mork de Ork, cuya escala de valores lo dejan más que indefenso en el tercer planeta del Sistema Solar. Este dios que mi hermano, El Pobre, pasea por los sitios más inverosímiles en los momentos más inconvenientes, reconviniendo a los poderosos en sus cotos de caza, y tratando de imbuir de caridad cristiana a los villeros cuando van por el trigésimo brindis navideño; es difícil de definir para alguien que, como yo, no ha alcanzado la categoría de alíenígeno que tan frescamente ostenta mi hermano.

El dios que trato de describir es responsable y laburante. Toma muy en serio los mandatos básicos que todos los demás dioses parecen haber olvidado por completo. Este dios ama al prójimo, y es con él piadoso y solidario. Se juega por la fe, y trabaja diariamente por un único e imposible milagro: la resurrección de la justicia. Y si al decir resurrección se da por hecho que existió alguna vez; yo me permito hacer notar, que resurrección implica también que la justicia está muerta; y para colmo de dolor, que la justicia se murió nonata.
Pero estas consideraciones no detienen al dios de mi hermano, ni a mi hermano tampoco, y allá van los dos, muy del bracete, quijoteando sin descanso entre los pobres que deben ser reivindicados, y los ricos que debe ser perdonados, porque no le cabe a este dios el resentimiento oscuro de otros transformadores sociales.

Este dios es instruido, es paciente y además es bueno. Eso sí, es un poco inocente, algo propenso  a dejarse embaucar por quienes han descubierto que puede ser utilizado como bandera política; y tiene la tendencia a pagar los platos rotos en más de una cruzada.

Por esa razón, mi desconfianza básica me impide prosternarme a sus pies aun cuando a veces tenga ganas de seguirlo por un rato, aunque no sea más que para cuidarlo un poco, a él y a mi hermano El Pobre, tan en peligro los dos en este mundo xenófobo; ya que son los dos tan extraterrestres, tan ajenos y tan definitivamente irrecuperables para el hábitat terrícola.

No obstante, dejo expresa constancia, de que este dios me merece respeto por el diligente empecinamiento con que intenta apegarse a sus valores, perdonando ofensas, e ignorando fracasos. Me gustaría, sin embargo, más este dios si no fuera tan imposible seguir su paso. Si no exigiera tanta entrega,  y se permitiera más canitas al aire, de cuando un cuando, como para no contradecir tanto mi propia naturaleza jolgoriosa. No siendo ése el caso, este respetable dios no deberá contar con mis servicios, ni lamentablemente podré yo contar con los suyos, al menos por los próximos doscientos o trescientos años.
Y pongo a este dios como intermediario para conseguir un milagro: familia definitiva para  Negro, que lleva una vida esperando esa dicha.
Un abrazo y nos vemos el próximo sábado. Graciela.

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