Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

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sábado, 15 de diciembre de 2018

Los hijos.

Los hijos nos completan y nos definen. Sin ellos, los padres no seríamos quienes somos.
Yo no soy yo, sin esa línea que me describe como "mamá de Charlie y Guille".
Ningún golpe en nuestras anatomías duele tanto como el más ligero rasguño en las suyas.
Ningún fracaso personal es tan desestabilizante como como el más mínimo tropiezo en sus caminatas por la vida. 
Cada hijo que tuvimos nos generó un nuevo talón de Aquiles. Porque son nuestras partes más vulnerables.
Cuando sólo éramos hijos, no logramos nunca comprender que los padres pretendieran inventarnos campanas de cristal para meternos en ellas, con mundos perfectos, creados sólo para nosotros y nuestros amores.
Y cuando fuimos padres, ése fue también nuestro sueño secreto, imposible y culpable.
Y nada nos cuesta más que entender que nuestro mejor regalo es precisamente abstenernos de intentarlo, y alcanzar el equilibrio en la distancia que les permita ser ellos, sin dejar de saber que siempre estaremos a su alcance cuando nos necesiten.
Ser padres es la empresa más constante y silenciosa. La más difícil, y la que más nos exige y enorgullece, y sin embargo, en ningún rincón de nuestro currículum podemos escribir: " yo crié a un ser humano" (dos en mi caso particular), y menos aún agregar "y me salieron perfectos", aunque sin duda es lo que invariablemente pensamos.
Los hijos nos completan y definen, y según pase el tiempo, cuando los años sean muy muchos y nuestro protagonismo disminuya, eso se hará cada vez más y más notable.
Y si nuestra vida es lo bastante larga, todos los que vayan a despedirnos se habrán convocado diciendo que se fue "el padre de" o la "madre de..."


Y para los que no tienen  la dicha de tener hijos humanos, la adopción de un pp, también puede completarlos y definirlos, como lo haría Bubu, que necesita un hogar lleno de amor.

Un abrazo y hasta el sábado próximo. Graciela.

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