Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 31 de mayo de 2008

ESTA VEZ BIEN CORTITO




Hoy vuelvo a los nanocuentos, es decir relatos en seis palabras según el estilo generado por Ernest Heminway, un grande, si los hay.

Éste será por eso, un brevísimo post, pensado para sugerir una historia, que el lector podrá contarse a sí mismo, o no.

Como expliqué al inaugurar esta etiqueta (“Con cuentagotas”), si esas mínimas palabras alcanzan para decirlo todo, las historias confluirán de alguna manera hacia una dirección determinada, pero todas tendrán los matices que cada lector les confiera, con lo cual el juego se abre hasta el infinito.



TRISTEZA.

¡Estaba tan triste! Sólo quise consolarlo.

Lo que yo misma pensé al escribirla, se ilustra con una foto robada en los jardines de Internet, y ésa es la única explicación que tendrán al respecto.








Espero sus comentarios, mientras se preparan para hacer las típicas maldades de fin de semana. Hasta el sábado, pues, en que subiré un post alusivo para un día muy especial.

6 comentarios:

Terox dijo...

"¡Estaba tan triste! Sólo quise consolarlo."

Afortunadamente, dicho deseo pronto abandonó mi mente. Nunca he servido para consolar. A lo sumo, puedo intentar una hipócrita sonrisa...

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Bueno, ya ese sería un microcuento... jajaja

Saludos!

Graciela L Arguello dijo...

Hola terox Si de consolar se trata, pedile a Orión que te enseñe, ellos son maestros para eso. Un beso graciela

Carlos Alberto Arellano dijo...

Graciela:

Un momento, un momento. A mis espaldas ha crujido otra rama. Sí, sí, ¿qué esperabas? No soy de fierro. El ¡CRAC! me sobresaltó. Ya lo veo, ya lo veo. Ahí está. Lentamente, muy lentamente, está surgiendo de la maleza el enorme animal herido. Sí, Graciela, ahora puedo ver los rasguños. Puedo verlos con toda claridad. No, no. No es lo que piensas. No están en la piel, tampoco en el lomo, tampoco en los huesos. Son rasguños profundos, Graciela, muy profundos. ¿Sabes por qué? ¿Lo sabes? Porque están en el corazón, en el alma, en el orgullo herido. ¡Pobre animal! ¡Ser derrotado, frente a las leonas, por el mismísimo rey de la manada! Sí, pobre, pobre. Está tan solo, tan triste, tan cabizbajo. Me da mucha pena, Graciela. Sólo quiero consolarlo. Darle mi afecto, mi compañía, mi amistad. Sí, eso es lo único que quiero.

Graciela L Arguello dijo...

Carlos Alberto A la mañana siguiente, en los titulares de los diarios se lee: Se conocen póstumamente las últimas palabras de Carlos Alberto Arellano: "¡Estaba tan triste! Sólo quise consolarlo"

Con lo cual, entre los dos hemos cerrado el círculo del nanocuento. Ya lanzaré otro desafío, a ver qué nos sale.

Un abrazo, Graciela

Carlos Alberto Arellano dijo...

Graciela:

Y colorín colorado... este nanocuento se ha acabado.

¡Que sigas bien!

Graciela L Arguello dijo...

Carlos Alberto Tengo una duda: ¿Resucitaste? ¿O es la tuya una voz de ultratumba?

No,más bien debe ser que los muertos que yo mato gozan de buena salud.... de lo cual me alegro un montón, por cierto. Un beso Graciela