Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 18 de abril de 2009

UN POST FUERA DE PROGRAMA



Un acontecimiento feliz e inesperado (inesperado por descarte, después de una larga y aparentemente infructuosa espera, por culpa de nuestro pésimo servicio de correo), me ha puesto a escribir este post.

Pero vayamos por partes, como dicen que decía Jack el Destripador.

Yo soy una de esas pocas bendecidas con un metabolismo a prueba de balas, que me mantiene flaca aunque haga todos los méritos posibles para destripar balanzas.

Uno de mis mayores placeres (pero no el único, no se preocupen) es abalanzarme sobre los chocolates, dulces, pasteles, cremas, tortas, pralinés, masitas, bombones, mazapanes, turrones, caramelos, bah lo que sea, sin medida y sin culpa, porque mi contextura tiene la misma tozudez que la que suscribe, y no se aparta de la zona “normal, de bajo peso”, a la hora de medir índice corporal, ni aunque vengan degollando.

El problema es que la provisión de golosinas, planificada para durar hasta mi siguiente vandálica incursión en el hipermercado, se agota en un par de días, y luego debo depredar en menor escala, porque si no, no hay presupuesto que alcance.

Es entonces que se revaloriza otro de mis grandes placeres (pero tampoco el único, sigan sin preocuparse) : la lectura.

Porque a diferencia de los dulces, la lectura permite miles de repeticiones en la degustación.

Así es que me arrojo sobre un nuevo libro, y lo devoro rápidamente como hago con las golosinas, pero…. (y aquí está la gran ventaja, y el plus de la lectura), cuando el texto lo amerita, después del atracón inicial, puedo volver a paladearlo una y otra vez, lentamente, morosamente y amorosamente, descubriéndole nuevos sabores y diferentes dimensiones cada vez.

No pasa siempre. No pasa con todos los autores. No pasa con todos los textos del mismo autor. Pero cuando pasa es una fiesta. Porque tengo golosina asegurada para siempre.

Y eso me ha pasado una vez más y es lo que quiero contarles.

He recibido del propio autor, Félix C. Fernández, un libro autografiado, que se llama “Tal vez el último eclipse”, y del que está todo dicho si les cuento que se ha constituido en mi nuevo caramelo para degustar una y otra vez.

En este momento quiero compartir con ustedes un pequeño diamante extraído en ese yacimiento.

….”Caminas entre ángulos de casas impersonales, entre jirones de vapor enredados en vallas metálicas y haces luminosos que caen al suelo desde las farolas, perseguido por un grito olvidado sobre una terraza, resto de una oración o de un suicidio….” Félix C. Fernández “Tal vez el último eclipse”, página 15.

Todo dicho. Excelente ¿verdad?

Panchita, extasiada aportó:



-Si no fuera mi compromiso como
ADT aparecer en todos los posts, hoy me habría quedado sin palabras…Sin embargo, yo también tengo para comunicarles otra bella noticia: Libertad que fue motivo de un post especial, ha sido felizmente adoptada. Y debo reconocer que Graciela tenía razón cuando escribió que Libertad (a la que primero llamó Bella) sabía lo que hacía al acercarse al grupo mascotero, como siguiendo un designio que trocaría su triste vida callejera en un cuento con final feliz.

Bueno, chicos vayan a votar, o a candidatear a algún nuevo animalito de los blogs de los refugios, y pasen un buen fin de semana, lleno de buenos sabores para el alma y el cuerpo. Un beso Graciela

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