Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 15 de mayo de 2010

¿Y A ESTE IDIOTA QUÉ LE PASA?



Hoy quiero contarles una anécdota de la vida real, pero la pongo en la etiqueta "Ya vai a vé", porque es de paso un escrache a una actitud innecesariamente beligerante de un par de patéticos habitantes de mi barrio.

Debo darle a los hechos un contexto, para que se comprendan.

Rolf, o Federico Alfonso, si queremos ser más protocolares, es un perro de la tercera edad. Está a punto de cumplir 14 años, lo cual es casi milagroso en un Siberian Husky.

Pero no es casual que esté tan bien como está, sino que se debe a un excelente veterinario de cabecera , y a mis propios y personales esfuerzos, ya que todos los días salimos a caminar un kilómetro, por orden del mencionado veterinario, y con el objeto de mantenerlo en el mejor estado posible.



Eso significa muchas veces levantarme al alba, o salir muy entrada la noche, porque debo conciliar mis horarios de trabajo con esa rutina terapéutica.

Y allá salimos los tres (porque Layka obviamente es parte de la excursión) tratando de disfrutar el paseo, a pesar de enfrentarnos a veces con situaciones tan desagradables como la de hoy.

Resulta ser que llevo a los perros con una larga correa que les permite llevar su propio paso, adelantándose a veces, o husmeando más atrás, otras. Y precisamente en un momento en que Layka y yo íbamos adelante, y Rolf venía algo más atrás, vi aparecer a un gordo boludo señor más que cuarentón y pasado de peso, que comenzó a gritar:

-¡Mamá, mamá!!!!

Yo pensé que se había olvidado las llaves, porque venía obviamente de la calle, y que llamaba a su progenitora para que le abriera la puerta, con lo cual, seguí mi camino sin prestarle la menor atención.

Pero entonces comenzó a gritar como un energúmeno a mis espaldas:

-¡Que saque ese perro! ¡Mamá, decile que se lleve ese perro a orinar a su casa!

A todo esto había salido la madre, una mujer muy mayor que atiende un quiosco, y yo al darme vuelta con tantos gritos, caí recién en la cuenta de que efectivamente Rolf había hecho pipí en la vereda.

Hice lo que me pareció más razonable, me dirigí a la señora, y le dije:

-Discúlpeme, el perro venía atrás y ni me di cuenta, pero si me presta un balde y una escoba no tengo el menor problema en limpiar lo que ensució...

Pese a mi amabilidad y buena voluntad, la vieja gritona y el gordo imbécil tanto madre como hijo estaban totalmente fuera de sí, y comenzaron a los gritos y transcribo sus palabras, tan groseras como fueron, ustedes sabrán disculpar...

-¡Llévese ese perro a mear en su casa!!!! ¡No pase por mi vereda nunca más! ¡Qué trae a mear al perro acá!

Todavía hice un último intento conciliador, explicando:

-Mire, Sra, no lo saco a hacer pis, porque gracias a Dios tengo un enorme patio de césped donde puede hacer tanto pis como quiera. Lo estoy sacando a caminar por prescripción médica, y como no tengo ojos en la espalda, no ví que estaba orinando, pero deme los implementos y lavo las cuatro gotitas que hay en la vereda.

Fue en vano, la loca buena señora seguía gritando:

-¡Váyase a otra parte, con todos sus perros, y no pase nunca más por mi vereda!!!

Entonces pensé "that's enough", y le dije:



-Sra, la vereda es de uso público, y si no quiere que yo la limpie, me está haciendo un favor, pero no puede impedirme el paso ni a mí ni a nadie- y seguí como si tal cosa paseando con mis perros.

Allí terminó la anécdota, pero no sin generarme las siguientes reflexiones:



  1. Un casi cincuentón de más de metro ochenta de estatura y cerca de 200 kg de peso tiene que ser bastante eunuco para llamar, en estado de histeria, a la mamá para que "rete" a una mujer de 1, 65 metros que llega a pesar cincuenta y dos kilos cuando se pone los borceguíes y carga la mochila de campo, con muestras incluidas.


  2. Si le teme a los perros, lo mejor que puede hacer es evitar el escándalo en vez de provocarlo. O sea que también le falta el cerebro, aparte de los otros atributos ya mencionados, porque no es inteligente ponerse amenazador conmigo cuando está mi siberiano al medio, por más viejito que esté. (Y tentada estuve de no controlarlo con la correa, cuando dio claras señales de querer poner orden por su cuenta.... )


  3. Si yo me ofrezco a limpiar las salpicaduras de mi perro, que tuvo la decencia de orinar en el cantero, (y sólo unas pocas gotas se veían fuera de él) ¿no habría sido más práctico traerme un balde y una escoba (la misma que usa la señora para trasladarse no habría estado mal) y terminar riéndonos todos de tan insignificante incidente?


  4. ¿De dónde sacan esos turulatos que pueden prohibir el paso de la gente por su vereda?


  5. Y por último, todos sabemos que al pasear perros es recomendable llevar una pala y una bolsita para sus residuos sólidos, pero pretender que uno lleve también un balde con creolina y un estropajo, ya deja de ser razonable, ¿no les parece?


  6. Al fin y al cabo, esos trogloditas me hicieron un favor, porque no sabía qué subir hoy al blog y me dieron tema más que suficiente. Se agradece.

Ahora, les ofrezco nuevamente a Firuláis en adopción , aunque no tengo apuro por el momento, porque estoy considerando seriamente la posibilidad de entrenarlo para que vaya a la madrugada a orinar justo ahí, en el quiosco, donde además, nunca más ninguno de mis amigos comprará ni un cospel.




Aclaro que tomé la foto que ilustra el post en Winzel, Alemania, lo que demuestra que en el primer mundo la gente pasea sus perros sin problemas y sin llevar balde, ni aspiradora por si acaso.

Un beso y nos vemos el próximo sábado . Graciela

8 comentarios:

Gurisa dijo...

Lo que más me aterroriza de esta anécdota no es el gordo bolú ni la bruja Cachavacha, sino que la intolerancia de este par de energúmenos pueden estar ocultando algo peor: personas que, con el fin de que no le ensucien "su propiedad" dejen ciertos "regalitos" para que nunca más en su vida estos animalitos vuelvan a hacer lo mismo.

Pobre Rolf, a su edad tener que tolerar semejante falta de respeto. Como cualquier otro miembro de la tercera edad en este país :(

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Me parece muy bien que te defiendas, sabes los perros orinan porque nadan marcando donde otros perros han orinado, muchas veces hacen todo el ritual y ya ni orines tienen, lo hacen instintivamente, vienen con ese chips ya inserto en su mente.

La cultura de la violencia es increíble, como domina al ser humano, no podemos ser tan energúmenos y NO entender que uno NO puede controlar la orinada ni la marcada de nuestros perros.
Saludos

Terox dijo...

Uffff... idiotas encuentra uno por todas partes...

¡52 kilos! Es lo mismo que pesa Oberón... pobre, acaban de mandar a dieta... tiene que llegar a 46kg o menos...

rumbofijo dijo...

Ja,ja,pese a lo pasado,muy bueno.Todos los que salimos a pasear con nuestros perros,alguna vez vivimos situaciones parecidas.Me tocó una vez aguantar a un vecino despotricando por el pis de uno de mis amigos.Como no soy tan amable como ud.,lo mandé a pasear,y como dicen que la venganza es un plato que se come frío,días después llegó mi oportunidad de tocarle el timbre a las once de la noche y preguntarle porque no le decía nada al borracho que le estaba orinando a un paso de su puerta,je.Un saludo.

Graciela L Arguello dijo...

Pues ahora me dejás preocupada a mí, Gurisa , no lo había pensado, habrá que estar alertas si pasa algo con los perros comunitarios. Y respecto a propiedad, de paso te digo que el inmueble ostenta un cartel de "juicio de usucapión" por lo que deduzco que además tienden a adueñarse de casas ajenas.
Y eso, Roy , explicaría la clase de energúmenos de los que estamos hablando.

Terox, el mismo peso que Oberón, pero distribuido de diferente manera, puedo jurarlo.

Rumbofijo buenísima tu venganza, la mía es ésta, totalmente virtual, pero igualmente satisfactoria.
Un beso a todos.

AVELLANEDA dijo...

me dejas más tranquilo, Graciela. Yo pensé que esa clase de gente sólo se daba en este hemisferio.Un abrazo

Dr. J dijo...

Vaya subnormales! Pero bue... hay en todas partes

Saludos!

Graciela L Arguello dijo...

Hola, Avellaneda, ¡y pensar que yo escribí en el post que eso no pasa en el primer mundo!!!
Así es, Dr. J. , pero justo los vengo a encontrar yo!!!

Un beso a ambos