Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 7 de mayo de 2011

¡Y van sesenta!




Como ya saben todos, porque varias veces lo he contado, cuando llega un evento especial, cargo sobre mis hombros la pesada tarea de garabatear un discurso alusivo, y leerlo como parte de la conmemoración.


En este caso, se trata de las reflexiones motivadas por el cumpleaños de mi amigo Juan, una persona muy querida, sencillamente porque es muy querible: leal, responsable, sincera y trabajadora (algún defecto tenía que tener) como pocas.


A él le preparé este discurso, que toleró con una sonrisa, porque conoce la cariñosa intención detrás de las palabras.


Como hubo asistentes a la fiesta que pidieron copia, acá queda para el que lo quiera volver a leer.

PARA EL CUMPLEAÑOS DE JUAN TOSELLI, EL SESENTÓN

Espero que todos los presentes sepan apreciar una pizquita de humor negro, porque después de todo, es la aspiración común, poder llegar a los 60, y mejor aún, poder pasar de largo.

Así es que procuren sonreír porque ése es el único tratamiento rejuvenecedor bueno, bonito y barato, y que además surte efecto.

Y ahora, a lo nuestro:

Últimamente se ha puesto de moda mandar a quienes cumplen sesenta o más años, mails con textos cursis y empalagosos donde se afirma que “están más sabios, más interesantes, más maduros, más experimentados, más autoconscientes, atractivos, inteligentes, equilibrados, etc., etc, que nunca antes en sus vidas.”

Pero yo, fiel a mi estilo realista y sincero les digo de una: ¡bullshit!, lo único que están es más viejos. Punto.

A menos que hayan estado en la lona toda la vida, lo cual, por suerte no es el caso para Juan, aquí de cuerpo presente.

Por supuesto que a esta altura del campeonato, uno puede hacer alarde de una actitud positiva, y decir, por ejemplo, que por lo menos no está “six feet under” , aunque se vaya acercando un poco más a eso, con cada minuto que pasa.

Cosa que notamos particularmente cuando todos alrededor comienzan a hablar de la conveniencia de comprar un primoroso lotecito en algún pintoresco parque curiosamente llamado “Paz, sol y luz” “La Paz en la Tierra” “Que en paz descanse”, o algo por el estilo, sin que ninguno de ellos pertenezca al patrimonio de los Paz aquí presentes.

Si bien esto puede ser real, no lo es la apología de la vejentud de los mails de moda.

Porque ni en el más iluso de los sueños se pueden refrendar las ostentosas barbaridades que se leen en los repugnantes mails mencionados ut supra.

Y a las pruebas me remito:

¿Está uno más inteligente? ¡Haceme el favor! Si las pocas neuronas que no se le han muerto lisa y llanamente, se conectan sólo de vez en cuando, y trabajan a reglamento, como empleados municipales reclamando refrigerio.

¿Y más atractivos? ¿para quiénes? Para los administradores de geriátricos con toda seguridad, pero eso no lo convierte a uno en un sex symbol precisamente.

¿Y más centrados? ¿Estaremos por casualidad más centrados? No way, man, ¡si nos aparecen falsas escuadras por todos los rincones!

¿Más maduros, entonces? Ni siquiera, porque si ése fuera el caso, no se habría creado la universal definición de viejos verdes que nunca cayó ni caerá en desuso.

¿Más experimentados? Sí, eso sí. Y por partida doble, porque por un lado la vida hizo con nosotros toda clase de experimentos, y así fuimos quedando; pero nosotros también atesoramos un montón de experiencias, casi todas traumáticas, que nos fueron dejando más abolladuras que al Titanic.

Pero más allá de todas estas generalidades, que ponen en un su justo marco el análisis que realizaremos a continuación, debemos abocarnos ahora al caso emblemático de Juan, nuestro homenajeado del día de la fecha.

Y cabe preguntarse, cuando uno lo ve, enteramente baboso, con Lucía en la falda, obteniendo de él casi tanta atención como un partido de la NBA, ¿dónde está el hombre recio que todos conocíamos, capaz de enterarse de que alguno de sus vástagos se había quebrado una pata, tres o cuatro meses después de que le sacaran el yeso, ya fuera por estar de viaje, o por no haber tenido tiempo de fijarse?

¿Dónde está ese Juan que miraba a los niños con más desconfianza que a político en campaña, y cuyos juegos le parecían más incomprensibles que Hitler dando un discurso en hebreo en el interior de una sinagoga?

No está, sencillamente no está. Si hasta hay quienes afirman haberlo escuchado cantando el Payaso Plin Plin, y yo personalmente doy fe ante escribano público de haberlo visto sentado en el suelo jugando con su nieta, más baboso que Juan Jr, lo cual no es poco decir.

Y ahora pregunto, si eso no es reblandecimiento senil, ¿cómo llamarlo?

Es que sesenta años no son moco de pavo. Son 720 meses, 400 de los cuales, más o menos, tuvo que parar la olla de cuatro angelitos que siempre se mantuvieron obstinadamente en las antípodas de cualquier forma de episodio anoréxico.

Eso implica también un total aproximado de 12.000 días de feliz convivencia familiar con una bella esposa, las cuatro deliciosas criaturitas ya mencionadas, fámulas varias, parientes políticos y/o apartidarios, y por si todo ello fuera poco, amigos de los que nunca se pudo librar, fuera cual fuera su intención al respecto.

En suma, Juan, lo tuyo es un apostolado, y merecés, no ya un simple monumento, sino todo un parque temático.

Si es posible en Nueva York, o en Indonesia, porque no debemos olvidar que de los 12000 días ya contabilizados, los cordobeses hemos tenido el privilegio de verlo por estas calles, tan hermosamente engalanadas por Giacomino y su troupe, unos 50 o 60, con mucho optimismo, y según cálculos garantizados por Moreno a través del Indec.

Porque el ancianito aquí presente, suma más millas recorridas que el programa Advantage del resto del país entero.

Tanto es así, que si llegara a donar a SALVAR el papel de sus pasaportes llenos, la institución podría alimentar no solamente sus 106 perros, sino un número igual de elefantes africanos, por lo menos hasta el año 2020.

Claro que esos viajes lo trajeron de vuelta siempre renovado y feliz, con las pilas cargadas como para tolerar a esta banda de trogloditas que hoy se han dado cita para decirle: ¡Feliz cumpleaños, Juan! Seguí siendo como sos. No cambies nunca…total, ya estamos acostumbrados
.


Y ahora les presento a una nueva adoptable de S.A.L.V.A.R. que requiere urgentemente una familia, se trata de Silvia, una viejita, negra, grandota y bella, que nunca los va a defraudar (no es humana, por eso)








Bueno, los espero el próximo sábado con otras pavadas nuevas. Un beso Graciela.








P:S: no les sorprenderá seguramente si les digo que las manos que aplauden la mesa dulce no son otras que las mías, porque nada me hace más feliz que comer cosas ricas... o mejor dicho, casi nada....

2 comentarios:

Terox dijo...

Se me hace que vos sos un éxito redactando panegíricos para difuntos...

Graciela L Arguello dijo...

No lo dudes, Terox , ¡¡¡con decirte que los muertos resucitan sólo para pegarme!!!!

Un beso Graciela