Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 27 de agosto de 2011

Hablemos de pecados




Los que han paseado ya un poco por el blog, saben con toda seguridad que éste no será precisamente un post para un curso de catecismo.
Más bien, y como ya es costumbre, será una mirada disidente sobre un tema que se las trae.

Para eso, nada mejor que comenzar con la definición que de la palabra pecado, y sus múltiples acepciones da la Real Academia Española.
Transcribo a continuación lo que encontré en la página mencionada:



pecado:(Del lat. peccātum).


1. m. Transgresión voluntaria de preceptos religiosos.

2. m. Cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido.

3. m. Exceso o defecto en cualquier línea.

4. m. Juego de naipes y de envite en que la suerte preferente es la de nueve puntos, cometiéndose pecado en pasar de este número.

5. m. coloq. diablo


Ahora puedo aclarar que es la segunda acepción la que a mí me ocupa hoy, las demás no me interesan en lo más mínimo, al menos por el momento.
Así, pues, escribo a continuación los que yo personalmente considero pecados de verdad imperdonables, porque repugnan profundamente a cualquier conciencia medianamente alerta.
Y verán que no hay en la lista estupideces como la pereza o la gula, por ejemplo, porque me parecen detalles menores que pueden o no molestar a algunos, según sus propias concepciones del mundo.
Ni siquiera la ira me molesta, cuando puede canalizarse de manera que llegue a constituirse en motor de cambios necesarios.
Es más, si bien se mira, algunos estallidos sociales se incubaron en la ira ante situaciones intolerables.
Por eso, he decidido crear mi propia lista de pecados capitales, y la pongo a disposición de ustedes:
La indiferencia.
La cobardía.
El egoísmo.
La hipocresía.
La crueldad.
La deslealtad.
La avaricia.

Y debo exclamar ¡BINGO!, porque en la última falta mencionada, ha habido coincidencia involuntaria con los pecados capitales tradicionales.
Sólo que en mi caso lo que me molesta es la incapacidad de compartir con el que de verdad necesita. No la incluyo en absoluto para castigar al que se niega a pasar el diezmo a la iglesia, que conste.
Con lo cual queda demostrado una vez más que se puede estar absolutamente de acuerdo por razones completamente opuestas. :D
Ahora, si no quieren pecar de egoísmo, indiferencia, crueldad y cobardía, tírenle una mano a Silvia, y sus 100 compañeritos del refugio, siquiera difundiendo su angustioso pedido de amor y hogar.

Lo cual me lleva a regalarles una yapa en la lista: el desamor.
No tener amor es no tener arreglo, porque ¿a quién no le sobran las miguitas que a un perrito sin hogar le alcanzan para ser feliz?
Y una miguita apenas, es dar a conocer las necesidades de los miles de refugios que hay en el mundo.
El que no puede hacer más, puede educar, que no es poco.
Una miguita es conmoverse y gritar ¡BASTA! cuando se sabe del maltrato a los que no tienen voz, y por eso mismo dependen tan absolutamente de la nuestra para que sus derechos sean respetados.
Una miguita y no más que eso es ser gentil con el desamparado, darle una palabra, un mimo, tratarlo con consideración y respeto. No cuesta nada, ¿verdad?
Un beso y hasta el próximo sábado. Graciela.



7 comentarios:

Terox dijo...

Y como es costumbre, esos pecados que vos mencionás están relacionados entre sí... sinergia, que llaman ahora...

Por cierto, que aquí en C.R. se decía: "que pecao!", cuando alguien (especialmente un niño) demostraba excesiva inocencia o esperanzas infundadas... algo así como decir: "Con el próximo gobierno, las cosas van a mejorar"...

Graciela L Arguello dijo...

Totalmente cierto Terox eso es sinergia y no macanas!!!
Un beso Graciela

Rodrigo Crespo dijo...

Perfectamente puedes exponer este interesante ensayo prescindiendo de toda faz religiosa, no es necesario perder tiempo en criticar las costumbres nacidas desde la dañina supertición llamada "Religión".
Saludos.

Graciela L Arguello dijo...

Tu consejo me llega tarde, Rodrigo , ya soy autora de un libro entero que cuestiona la religión, y que podés leer por capítulos, en este mismo blog, bajo la etiqueta Un dios para cada uno. Un abrazo Graciela

Rodrigo Crespo dijo...

No dudaré el leer tu libro Graciela, muchas gracias por hacerlo presente. Un abrazo.

AVELLANEDA dijo...

es libro de cabecera en las mejores congregaciones religiosas de todo el mundo.Lo aseguro.

Graciela L Arguello dijo...

Sí, Avellaneda, libro de cabecera, porque en cualquier iglesia me lo tirarían por la cabeza con muchas ganas.
Un beso Graciela