Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Nuevo Capítulo de "Un dios para cada uno".



Este capítulo tiene mucho de confesiones personales, y presenta algunos de los argumentos que todavía justifican mi ateísmo, aunque faltan millones más.
Capítulo 12.

Algunos otros DIOSES CULTOS.

Aquí ocurre un fenómeno particular, que me obliga a sintetizar algunos puntos comunes de variadísimos matices, ya que estos dioses son infinitos en sus posibilidades, como infinitas son las sutiles diferencias que les imponen las mentes que los crean. Tienen en común esencialmente eso: génesis, no en las entrañas ni en la memoria social, como el dios de la Vecina o el Verdulero, sino en la razón. Por eso mismo su amplia variabilidad, ya que la razón no admite limitaciones, y cada cual teologiza a su manera. Pero el sello común de estos Otros Dioses Cultos es su carácter de estudiosos, todos ellos con un master diferente bajo el brazo. Y podemos mencionar las diversas disciplinas sobre las que versan dichos títulos.
Está el dios con un Master en Reencarnaciones, dios entretenido y sociable que se pasa explicando aquello de la inmortalidad del alma, la resurrección de la carne y la vida perdurable; cuyos seguidores tienen en común, por ejemplo, el rechazo absoluto a cualquier eventual donación de órganos, ante la posibilidad de necesitarlos en otro mundo so pena de convertirse en almas no videntes o espíritus con insuficiencia renal.
Luego está el dios con Master en Redención por la Fe, cuyo slogan es: “Cree en mí y yo pago tus cuentas”. Este dios es permisivo y caprichoso. Es el que elige a algunos para salvarse en función de su fe. No pide cuentas de actos sino de creencias. Cuanto menos cuestionamientos religiosos te hagas, más garantizado tienes el ingreso al Paraíso. Curiosamente es también un dios CULTO, porque este principio cuenta con volúmenes y volúmenes de teorizaciones para su apoyo.
Y existen también dioses con Master en “Ciencias versus Milagro”, “Predicciones, Profecías y Futurología bíblica, su interpretación científica”, “Exorcismo, su aplicación parapsicológica”, etc., etc., etc.
Entre todos esos etcéteras, cabe un dios adolescente e ingenuo, que fue mi dios culto entre los quince y los veintialgunos años: el dios que pacientemente explicaba a mi amiga Cristina, sacudida antes que yo por la crisis de la fe. Un dios que contestaba a sus inquietantes preguntas, con sólida desinformación y cúbica perspectiva. Decía Cristina: -“¿ Por qué tiene que existir un dios? ¿Qué prueba tenés?”
-“Si la obra imperfecta de lo artificial tuvo un creador: el hombre,  la obra perfecta de lo natural debe tener un creador perfecto: Dios”.
-“Y si ese dios tuyo es perfecto, ¿por qué permite la injusticia, la maldad o la mentira?” –“Porque deja a los hombres elegir libremente su camino. Son ellos y no Él quienes eligen la injusticia”.
-“Pero ¿por qué la injusticia existe? Él podría impedirlo”
-“¿Y entonces dónde estaría el mérito de ser bueno, si no se pudiera no serlo?”
- ¿Y para qué te sirve el mérito ése?”
-“Para llegar al Reino de Dios, después de esta vida”.
-“¿Y por qué no reina más vale en ésta, en vez de permitir tanta chanchada?”
Allí era cuando ante tanta lógica, recurría yo a la tinta del calamar y le tiraba el argumento límite:
-“¿Cómo podés tratar de entender los designios de un Ser Perfecto con tu mente imperfecta?”
Lamentablemente a Cristina se le acababan las preguntas y yo podía seguir enarbolando mi dios culto hasta la próxima discusión. Pero ahora, yo le soplaría un montón nuevo de preguntas que fueron las que definitivamente determinaron mi éxodo religioso, desterrada en el desierto hasta la fecha.
¿Puede un ser perfecto realizar una obra imperfecta? Si lo hace por error, ¿cómo insistir en la perfección de quien así se equivoca?
Si lo hace intencionalmente, ¿cómo explicar la mezquindad que motiva una obra imperfecta a los solos fines de mantener el dominio sobre ella? ¿Necesita un ser perfecto exigir adoración, tal como un vulgar petimetre vanidoso requiere admiración? ¿Puede un ser superior crearse un hijo para inventarle un calvario sangriento como ofrenda a sí mismo a cambio del perdón a los hombres?
¿Puede un ser divino crear el placer sexual para prohibirlo luego a sus seres más queridos (curas, monjas, etc.)?
¿Puede alguien perfecto crear la sensualidad para castigarla con el fuego del infierno?
 ¿O la inteligencia, para que sus feligreses renieguen de ella a los solos efectos de poder aceptar sin críticas, un adoctrinamiento permanente?
Pocas son las preguntas que verbalizo aquí. Tengo millones más por las cuales he debido tomar un largo reposo, una especie de licencia sin goce de haberes en materia religiosa. Un siglo sabático para probar si puedo crear mi propio dios, porque definitivamente este dios culto hace mucho que ha dejado de ser el mío. 

Ahora, si quieren evangelizarme, ¿qué tal si me regalan un milagro, ofreciendo un hogar para Cachamai?


Un abrazo, y nos vemos el próximo sábado. Graciela. 

2 comentarios:

Terox dijo...

Como quién dice, Dios no le falta a nadie...

Graciela L Arguello dijo...

El que no lo tiene lo inventa, Terox