Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 7 de febrero de 2015

Esos textos de autoayuda...



  

No necesito declararlo demasiado, porque creo que se me nota: NO ME GUSTAN LOS LIBROS DE AUTOAYUDA...
Y esto es así, porque no creo en mágicas recetas que se tiran a la cara de un lector cuyas circunstancias no se conocen, pero ante el cual se enarbola un dedito que se agita indicando lo que debe hacer para solucionar su vida.
Pero si bien ya creía haber leído todo en materia de despropósitos, el libro "Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus", de John Gray, me sorprendió con un capítulo que bien podría pertenecer a un libro sobre modales y protocolo del S XIX.
Porque por ese entonces se estilaban los textos con modelos de cartas, pero leer esto en el presente siglo, decididamente casi me llevó derecho al manicomio. Vean esta perlita:
...Para que escribir Cartas de Amor sea algo más sencillo, puede recurrir al modelo de Carta de Amor presentado anteriormente en ese capítulo. Dicho modelo de Carta de Amor puede ayudarlo a recordar sus diferentes etapas y ofrecerle algunas frases-guía cuando se encuentre atascado.
Si tiene una computadora personal, registre el modelo de la Carta de Amor en ella y utilícelo una y otra vez. Simplemente recurra a ese archivo cada vez que desee escribir una Carta de Amor y cuando termine almacénela con la fecha. Imprímala si desea compartirla con alguien...
Para ser un poco más justos en esta crítica, quiero poner en contexto las aberraciones que se leen más arriba. Se trata de una técnica de autoayuda, según la cual la carta puede o no compartirse con el otro, ya que su objetivo es clarificar los propios sentimientos y emociones, además de liberarlos.
Pero precisamente eso es lo que hace más absurdo el párrafo anterior, ya que si uno quiere ponerse en contacto con sus más profundas, y a veces perturbadoras, sensaciones, ¿cuál es el sentido de seguir una receta preestablecida?
Lo que en la espontaneidad podría resultar "sanador" (palabra que tampoco me gusta demasiado) cuando se convierte en un ejercicio de copie y pegue, es bastante inconducente.
Nunca me van a convencer de que una carta de amor, aunque no se piense en mandarla a nadie, se puede redactar del mismo modo que una tarta de zapallitos se puede conseguir siguiendo los pasos de un recetario de cocina. 
Quien no puede reconocer lo que siente a través de una simple introspección, difícilmente lo consiga escribiendo en su cuadernito una carta reglamentada; que sería como el equivalente de la  clásica redacción titulada "La vaca", que se estilaba hace más de cincuenta años.
Dudo que escribir esa redacción le haya cambiado la vida a algún escolar, y lo mismo pienso respecto a estas gansadas que aparecen, no obstante, en un best seller.
Y de ese best seller puedo agregar que lo más interesante y esclarecedor es el título, porque al menos a una le permite comprender la ridiculez de pretender establecer relaciones profundas y duraderas con marcianos...:D
Por eso propongo en cambio una relación espontáneamente amorosa con alguien como Felisa que necesita un hogar y les dará ...


La foto que ilustra el post es de este sitio.

Un abrazo y los espero el próximo sábado. Graciela.



 

5 comentarios:

Terox dijo...

Pues por algo los perros no saben escribir... NO LO NECESITAN!!! Ellos tienen claros sus sentimientos todo el tiempo...

Graciela Fernández dijo...

Qué querés, tocaya, el autor es yanqui y ellos tienen fórmulas para todo... El recurso es bueno si es espontáneo, como decís vos, y si uno escribe a mano alzada, porque justamente así es como sale a flote lo que tiene que salir. Eso puedo ayudar a aclarar las ideas. Y si a lo que escribiste lo dejás dormir y lo volvés a leer después de un tiempo, también te puede servir para ver por qué poca cosa te hacías problemas. Escribir sobre las propias emociones es sanador, siempre y cuando no te enrosques... ¡Abrazo!

Graciela L Arguello dijo...

Así es Terox , ellos necesitan mucho menos que nosotros, porque viven sin inventarse tantos dramas...
Graciela, vos y yo escribimos, y sabemos lo bien que le hace al alma, pero ¿una receta? Eso sólo le hace bien a una olla...
Besos a ambos

Daniel Garza dijo...

Coincido Graciela. Los libros de autoayuda son, para mí, cosas a tomar con pinzas. O a no tomar...¡¡¡Menos leerlos!!!
Ahora, lo de la carta, llegué a pensar que era un chiste inventado por vos. Pero creo en tu honestidad

Graciela L Arguello dijo...

No, Daniel, no es broma, ¡y lo peor es que el libro es un best seller!!!! Bueno, por lo menos eso me consuela cuando los míos son worst sellers, jejejej. Un beso