Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 3 de octubre de 2015

Un post educativo

Ya antes les he contado que soy una fanática seguidora y admiradora de César Millán, el encantador de perros, y por supuesto recibo sus Newsletters, porque aprendo mucho en ellas.
Hoy quiero compartir algo que acabo de conocer y de lo que no tenía idea, por lo cual lo he traducido y sintetizado para ustedes.
No se trata de una traducción completa ni del todo exacta, sino más bien me tomo la libertad de hacer una interpretación personal, para poder agregar mis propios bocadillos, pero soy honesta al mencionar la fuente original.
César insiste siempre en la necesidad de acercarse a los perros desconocidos, de manera respetuosa y cautelosa, para no generarles miedo ni actitudes defensivas que a veces se confunden con agresiones, y terminan poniendo en riesgo tanto al humano como al perro mismo, que muchas veces termina en un refugio, con el erróneo rótulo de "peligroso", simplemente porque no se le dio su espacio.
De allí su conocido slogan: “No talk, no touch, no eye contact.” (No hablar, no tocar, no hacer contacto visual)
De esa manera, el animal no se siente amenazado ni presionado, y decide el acercamiento cuando se siente seguro y cómodo, evitándose de estas maneras conductas defensivas o nerviosas que pueden ser mal interpretadas.
Después de todo, a nosotros, seres pensantes, tampoco nos gustaría que un completo extraño nos hablara, nos acariciara o nos clavara la mirada sin ninguna presentación previa.
Si yo fuera por la calle, y de pronto alguien me acariciara la cabeza o la espalda, diciendo "¡Qué coshita má bonita!, seguramente le revolearía una cachetada extralarge, pero eso no sería mal visto, ni me metería nadie por eso en una jaula, con la etiqueta de "humano agresivo y peligroso".
Muy por el contrario, todos harían causa común conmigo y le gritarían al intruso "¡¿Sos bol tonto o te hacés?!
Ahora volviendo a los perros, si esta regla de dar al animal su espacio y su tiempo es ignorada, en la mayoría de los casos, el stress que se le provoca pasa totalmente desapercibido, porque casi todo perro en realidad ya sabe muy bien que los humanos no tenemos claras las reglas de jerarquía y protocolo de cualquier jauría que se precie.
Sin embargo, existen animales que ya sea por haber tenido una mala educación, por haber pasado por experiencias traumáticas o aterrorizantes, o simplemente porque proceden de refugios donde nunca tuvieron la oportunidad de adquirir habilidades sociales, reaccionan de maneras defensivas.
Y las maneras defensivas de los perros incluyen mostrar los dientes, gruñir y hasta morder. Por esa razón, esta clase de animales deben ser dejados tranquilos y particularmente respetados en su espacio.
Para evitar malos momentos y consecuencias desastrosas para los propios perros y también para los humanos que ignoran estas reglas básicas, es que se ha creado un Proyecto especial conocido como  The Yellow Dog Project que fue iniciado por Tara Palardy en Red Deer, Alberta, Canadá, el día 13 de Septiembre de 2012.
Se trata de un “movimiento global para dueños de perros que requieren espacio”, y la idea es identificar a los perros que pueden reaccionar de manera problemática ante una aproximación irrespetuosa. Para eso se recomienda atar una cinta amarilla bien visible en la correa o collar del perro, para alertar a la gente que no lo conoce.
Por supuesto, para que esto sea útil, se debe difundir el tema para que todos sepan a qué atenerse al ver un animal marcado con una cinta amarilla. En esta categoría se incluyen también los perros de trabajo, como los lazarillos, que no deben ser perturbados durante sus horas de servicio, ya que parte de él es precisamente proteger a su dueño.
Mi modesto aporte es para tratar de conseguir que los dueños de perros no del todo sociables se unan a esta iniciativa, y los demás asumamos qué significado tiene esa cinta amarilla.
De todas maneras, con o sin cinta amarilla, ningún perro debería ser invadido en su espacio por gente bien intencionada pero irrespetuosa.
Y ahora les cuento que Cachamai no sólo no tiene cinta amarilla, sino que ya ha merecido la cinta azul de la popularidad, porque es un premio al que todos deberían aspirar, aunque está destinado solamente a quien lo adopte mediante un comentario en esta página.

Un beso y hasta el próximo sábado. Graciela.

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