Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Algo para pensar un poquito.

Encontré esto en alguna parte, que de verdad no recuerdo, pero que de todos modos quiero compartir con ustedes, porque me encantó.
La cita textual es:
Hablar sin sentir versus sentir sin hablar.
Y me encontré pensando...
Nosotros, los dueños de la palabra, por serlo, somos los únicos capaces de mentir. Los animales, que no tienen voz, tampoco nos engañan.
Y piensen si no, ¿cuántas veces, los que nos han declarado amor, en cualquier momento cuelgan nuestro corazón en el portarrollos junto al inodoro, por no expresarlo de una manera más grosera que empieza por: "se lo pasaron, etc. etc." Ustedes me entienden, ¿no?
¿Cuántos, desde la más tierna infancia, al mismo tiempo que decían querernos, nos lastimaban sin que se les despeinara el jopo? Las mismas personas que llevaban nuestro corazón entre las manos nos mintieron, nos defraudaron, nos traicionaron, hasta devolvérnoslo hecho pedazos, y siempre fueron las palabras sus aliadas para justificar todos sus desmanes. Hablar sin sentir.
En cambio, nuestras mascotas, que no tienen palabras, muestran sin ningún disimulo sus amores, sus enojos, sus tristezas y hasta sus odios.
Un gruñido lo dice todo. La colita agitada dice "bienvenido a casa" mejor que un millón de palabras. Y no hay declaración de incondicional amor, más fuerte y verdadera que la del perro que se tira panza arriba para que lo acariciemos, poniendo toda su vida en nuestras manos, porque no hay posición más vulnerable que ésa para un animal.
Sentir sin hablar.
Después no me pregunten por qué he decidido encauzar tantos de mis esfuerzos solidarios hacia los animales. Ellos los merecen, porque nunca me estafarán, ni disfrazarán lo que sienten.
Como el mismo Gordo Lucas no disimularía su alegría si le dieran ustedes la oportunidad de tener por fin una familia.
Un abrazo y nos vemos el próximo sábado. Graciela.
 

2 comentarios:

Daniel Garza dijo...

Mi infancia y primeros años de adolescencia fueron custodiados por la hermosa Heydi; demasiado cariñosa, exageradamente fiel (al punto de incomodarme, porque quienes compraban su comida eran mis padres, no yo... y con un sólo quejido mío, se anteponía para protegerme...), "adulta y seria" desde cachorra. Lo más; Heydi, lo más.
Y no bastó que dijera una sola palabra para saber cuánto me amó.

Graciela L Arguello dijo...

Así es, Daniel , son tan protectores y leales que no necesitan la palabra: demuestran su amor en todos sus actos.