Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 26 de agosto de 2017

¿Number one?

En mi país se generan extrañas idolatrías a personas que muestran más la hilacha que los méritos. Pruebas al canto: Vicky Xipolitakis, de la cual ya he contado muchas barbaridades; Maradona, que siembra irresponsablemente hijos por el mundo, a los que reconoce o desconoce según sus cambiantes estados de ánimo,  y quien se mete a declarar consignas violentas, ignorando el dolor de un pueblo hermano; o Charlie García que ha mostrado aristas violentas en casi todos sus reportajes; y, por supuesto, Moria Casán, de la que me ocuparé hoy con una de sus estupideces.

Aclaremos que lo que me molesta es la idolatría a la persona que muestra su carencia de valores como tal. Si quieren admirar su capacidad para patear una pelota o mostrar sus siliconas, adelante, pero eso no significa mostrarlos luego como ejemplos que están más allá de toda crítica, y ante quienes se deban hacer genuflexiones. 

Como lo hace casi el 100% de la prensa, dicho sea de paso.

Pero lo que quiero contarles hoy es la última idiotez de Moria, quien en un reportaje quiso decir que ella es atípica (menos mal) y para eso dijo:

-No me perdonan mi falta de "tipiquez" (sic)

No, Señora, en mi caso  no le perdono la soberbia, la megalomanía y la famosa "lengua karateca" que otros le festejan, y a mí me resulta lisa y llanamente una patética manera de justificar sus exabruptos para cuanta gente osa no arrodillarse a sus pies.

No quiero agregar mucho, salvo una pregunta que me hago siempre: ¿por qué en vez de andar asesinando el idioma no se comprará un diccionario para estudiarlo un poco, ante cada ocasión en que está por tomar un micrófono? 

Y lo otro que debo decir es que mucho más que los descerebrados que mencioné más arriba, me molestan sus aplaudidores incondicionales, que consideran que esos personajes son héroes urbanos que están exentos de responder por sus agresiones, sus incoherencias y sus pésimos ejemplos.

Porque confundir a generaciones enteras de jovencitos que terminan creyendo que eso es el éxito que vale la pena emular, es definitivamente repudiable.

Pero dejemos a la gente que no merece más que ser ignorada, y pasemos a hablar de un grande de verdad; Lautaro, que no anda diciendo estupideces por el mundo, y solamente pide un hogar al que llevar su fidelidad y alegría.

Un abrazo, y hasta el próximo sábado. Graciela.
La foto que ilustra el post, la he tomado de este sitio.

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