Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Día de la Palabra, Vínculo de la Humanidad

Nuevamente, el Museo de la Palabra de España, del que soy Embajadora en Córdoba, me invita a participar de alguna manera en su Día de la Palabra como Vínculo de la Humanidad. 
Parte de mi intervención en el evento, es este post que se refiere precisamente al valor de la palabra.

Palabras
Por Graciela L. Argüello.

Pueden pensarse las palabras como meros sonidos y sus símbolos escritos, que permiten transmitir información.
Tal vez comenzaron en las brumas del pasado como simples advertencias de peligro, o para compartir generosamente el conocimiento acerca de la posición de un refugio, un pozo de agua, u otro recurso valioso.
Pero desde ese modesto pasado utilitario, fueron convirtiéndose en seres vivos, capaces de provocar heridas, o por el contrario, de aliviarlas.
Pequeños emisarios capaces de evocar emociones y sentimientos, y de generar compromisos o traiciones.
Son las palabras, todas y cada una, preciosos bienes que se deben administrar con amor y con cuidado.
Porque hay palabras llenas de un perfume que puede acompañar durante toda una jornada al ser querido que las lleva en su oído.
Y palabras con espinas, que lastimarán para siempre.
Hay palabras- como un nombre especial- que encierran toda una historia, un secreto o un sueño.
La palabra adiós, por ejemplo, tiene un sabor amargo, y el sonido de todo lo inevitable.
La palabra dolor es muy corta, demasiado corta para la tenebrosa oscuridad que encierra, y para los inmensos laberintos erizados de púas, en que a veces se pierde el alma.
Y para compensar esa corta puñalada, tan preñada de ausencias, de pérdidas y de miedos, se inventó otra palabra tan larga como "lágrimas", que en toda su longitud no alcanza para lavar las manchas que en el corazón ha dejado la tristeza.
Y hay palabras inocentes, como niño, flor y planeta, que un mago de la pluma unió en uno de los más bellos relatos que se hayan escrito jamás.
Palabras hay que consuelan y otras hay que ofenden y condenan.
Las palabras son como pájaros que al salir de su nido, inician vuelos inesperados por universos propios sobre los que nunca tendremos control.
Por eso es que el valor de la palabra se enriquece, cuando ella está acompañada de su prudente hermano, al que llamamos silencio.
La gran sabiduría que nunca terminamos de alcanzar, reside en complementar con igual discreción el decir y el callar. Porque el enorme tesoro que es la palabra, no debería utilizarse sin mesura.

Y para terminar, como siempre, mi última palabra es por los sin voz, para pedirles que adopten a un pp, por ejemplo a Chika. 

Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.

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