Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Más del dios para cada uno.




Capítulo 17
El Padre:
Este capítulo me entremezcla las carencias: siempre que pienso en la clase de dios que querría venerar, se parece sospechosamente al padre malcriador que seguramente podría haberme hecho más alegre la infancia.

Y cuando quiero imaginarme la clase de padre que habría querido tener cuando niña, lo colmo a tal punto de virtudes, que ya es casi la Perfección misma, y por serlo tiene mucho de un dios.

Pero si en suma pudiera ser la creadora de este dios Padre, sería un dios perdonador y cariñoso, con una marcada inclinación a llamar travesuras a todos mis errores; y con una dudosísima autoridad, que se acordaría de poner en juego cada tanto, para invitarme a crecer, siquiera un poco, y siquiera en algunos aspectos.
Sería éste un dios muy aconsejador y proverbiero, erudito y filosófico, que me iría guiando con dulzura para hacerme un poquito mejor, aunque debiera recurrir cada tanto a algunos sermoneos, y debiera algunas veces ponerme en penitencia.

Pero este dios debería necesariamente colmarme de mimos y atenciones, convirtiéndose por ello en un derrochador de milagros, ya que andaría por mi vida, como un padre aterciopelando las aristas de las cosas contra las que yo tuviera que chocar, y abriéndome los brazos consoladores, cada vez que mi alma volviera de sus búsquedas, con las rodillas sangrando, y los ojos llenos de lágrimas.
Sería este dios paternalista, el refugio más seguro, y la guía más propicia, pero tendría que apelar a toda su paciencia cuando yo me trepara a su regazo, para reclamarle toda la ternura que mi corazón insaciable le andaría exigiendo todo el tiempo.

Y, como este dios es tan igual a un padre, sería también algo mandón y tendría una notoria debilidad por los decálogos de máximas, por los preceptos, las prescripciones y los tabúes. Todo lo cual despertaría mi innata rebeldía, revelando el abismo generacional yacente entre nosotros. Y descubriendo de ese modo las limitaciones, me encontraría asombrada con la dura realidad de su imposible existencia como Dios. No, este dios tan padre, no llega a ser perfecto, ya que le pone fronteras caprichosas a la libertad. Busquemos en otra parte tal vez en el dios amigo. 

Y hablando de amigos, ¿qué tal si le dan a Bombona el hogar amigo que tanto necesita?
Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.

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