Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

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sábado, 17 de febrero de 2018

Esos amigos incondicionales e increíbles...

Sí, sí, ya se habrán dado cuenta de que hablo de las mascotas, esos hermanitos de otra especie, que nos acompañan siempre, sin cuestionar ninguno de nuestros actos, ni enfocarse en nuestros errores.
Ellos, los peludos compinches que nos quieren como somos, y nos roban el corazón desde el momento misno en que nos miran con ternura por primera vez.
Hoy quiero contarles una pequeña historia, sólo para introducir un soneto que no me pertenece, y por eso está en la categoría "Y demás deudos", donde reúno textos de la gente que quiero, y que vale la pena compartir.
Esta mínima narración tiene algo de mágico, como mágica fue siempre la relación entre Verónica y su dálmata Brida Bolsón, a las que ven juntas en la foto.
Brida llegó a la vida de Vero cuando comenzaba el secundario, y fue su compañía en las horas de estudio, y en largos recorridos en bicicleta. Compartieron juegos y esfuerzos, además de los clásicos paseos de perro con su humano, que son como un anticipo del paraíso, porque nada hay más feliz.
Estuvo también Brida a los pies de Vero a lo largo de toda su carrera universitaria, resignando juegos y diversión para velar con ella junto a los textos de estudio.
Y ya muy viejita, Brida sólo partió después de ver a Vero con su título de Licenciada en Psicología en la mano.
Pero cuando digo que hay algo de magia en la historia, no lo digo con ese sentido de esoterismo y misterio que me es tan ajeno; sino por la pura belleza que encierra.
Porque Brida, como todos los perros, intuyó sabiamente cuándo su misión estaba cumplida. Ella no habría dejado sola a Verónica en el medio de esos momentos de tanto stress en que estaba preparando sus exámenes finales.
Brida resistió, ya muy enferma y anciana, hasta sentir que su humana había terminado el proyecto que iniciaron juntas, y sólo se atrevió a marcharse cuando habían alcanzado la meta, y ella podía buscar ese sitio diferente en que podía descansar, en espera de la reunión defintiva, que todos los que tenemos mascotas, sentimos que va a llegar algún día.
Pero hay más. Cuando ya se aproximaba el final, y Brida luchaba por continuar confortando a Vero, recibió muchos tratamientos, en el marco de los cuales, se le colocó un suero alguna vez.
Mucho tiempo después, cuando Brida ya era recuerdo amoroso, a Vero debieron colocarle un suero también, y ella estaba dolorida, asustada y llena de angustia. Pero por alguna razón miró el suero, y vio que era de la misma marca y especificaciones que aquél que le pusieron alguna vez a Brida, y ese recuerdo le produjo un alivio inmediato. Como si otra vez Brida estuviera a su lado, confortándola.
Por todo eso es que mi amigo Car, escribió un soneto para Brida Bolsón, y acá lo comparto con ustedes.


No sé si les habrá gustado esta historia, pero los que sí les van a gustar son todos los perritos y gatitos que uno puede adoptar en esta página.

Un beso y hasta el próximo sábado. Graciela.


5 comentarios:

Verónica dijo...

Gracias!!! Realmente esta siempre siempre cuando más la necesito, me acompaña en forma de recuerdos que me reconfortan el alma es realmente una caricia al corazón ♥ recordarla hacerse lugar en mi silla, alguna que otra siesta en mi cama, nuestras tardes en el río.. Y se que su amor debe ser compartido!! UN GRAN ABRAZO A QUIENES HOMENAJEARON NUESTRA AMISTAD.!!

Graciela L Arguello dijo...

Es que er una historia muy bella, Verónica .

Verónica dijo...

GRACIAS!!!😍❤

LuKaS! dijo...

Tuve la suerte de conocer a Brida... un ser amoroso!

Graciela L Arguello dijo...

Ya que estamos, Vero ¿por qué el nombre de Brida Bolsón? Es poco corriente.