Bartimeo, Federico Alfonso y Elvira Inés, los ángeles del blog.

Me gusta

sábado, 4 de abril de 2020

Uno de mis viejos escritos


Hoy les presento un viejo, muuuuuyyy viejo escrito que apareció entre mis papeles, y que creo que se puede compartir, porque tan feo no me salió, y porque toda causa relacionada con él, ya prescribió, además de que ya soy inimputable ;D                       

TRISTEZA
Miro la lluvia, y me invade una húmeda tristeza que tiene que ver con el agua, con el gris, con la fecha y con tu ausencia.
Los truenos, allá afuera, despiertan el eco de tu nombre, aquí adentro, en mi cama vacía.
Me pregunto qué harás. ¿Te evoca la tormenta, ése mi siempre miedo? ¿Te recuerdan los relámpagos, mi temblor entre tus brazos? ¿Estás, como yo, ligeramente lastimado de imposibles?
La imposible dicha de refugiar mi ansiedad en el cerco de tu abrazo, por ejemplo.
La imposible plenitud de disfrutar la belleza de las furias desatadas, sólo porque aferrar tu mano desbarata mis terrores.
La imposible alegría de confundir tu tormenta y la mía, con esa otra, loca y tenaz, que golpea los vidrios allá afuera, sin poder distraer nuestra explosión de gozo.
Cae la lluvia, y me mojan los recuerdos de otras noches de cristal. Cuando no puedo distinguir entre el rumor de la lluvia y el murmullo del placer. Cuando son uno solo, el estallido del rayo, y la eclosión de nuestro fuego.
Miro la lluvia, y se instalan en mis ojos las vívidas imágenes de pluviales paisajes que nos observan juntos, ebrios de esta locura como de adolescentes, enlazando las manos, y bebiéndonos mutuamente entre la contención y el deseo.
Y te veo llegar desde la lluvia, como si estuviera aquí, ardiéndome en la piel, el lento roce de tus dedos, que despiertan la avidez de todos mis sentidos.
Y el aire de verano ha dejado de oler a tierra mojada, porque se instala en él, persistente y maligno, ese perfume a vos, que es tu perfume, y es tu piel, y es tu amor, y el cigarrillo. Ese aroma tan tuyo, que echa a andar por mi sangre, microscópicas ninfas, embriagadas de pasión, que te llaman en vano.
Llueve, de a ratos mansamente, como me miro en tus ojos, cuando agotados y plenos, susurramos “te quiero”.
Llueve, después, furiosamente, como se estremecen nuestros cuerpos, cuando un  leve beso, una tierna caricia, o un dulcísimo abrazo, oprimen sin quererlo, la tecla justa que reinstala entre los dos, el desenfreno. 
Y después, algún trino, allá lejos, me dice que ha cesado la lluvia, y que debo rescatarme de esta inútil nostalgia, porque todo sigue su marcha y hoy no estaremos juntos.

Y para paliar cualquier nostalgia, nada mejor que adoptar uno de tantos animalitos requeridos de hogar. Sólo me dejan un comentario (si son de Córdoba) y concretamos la adopción. Si son de otros lugares, seguramente hay también grupos que les pueden ayudar en tan noble acción.
Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.


Bonus track a propósito de la cuarentena:  

No hay comentarios: