Bartimeo, Federico Alfonso y Elvira Inés, los ángeles del blog.

sábado, 10 de enero de 2026

¿Por qué, por qué...?


¿Por qué llevamos ya tantos años permitiendo que el mercado domine nuestras vidas de manera tan absoluta?

Y me refiero a esas estrategias que ya no simplemente nos motivan o inducen a comprar algo, sino que lisa y llanamente NOS OBLIGAN a hacerlo.

En efecto, es maravilloso que la tecnología avance y cubra necesidades que antes no cubría, pero lo que está mal, es que CREE supuestas necesidades que no son tales.

Por ejemplo, veamos los teléfonos celulares. No todos los usamos de la misma manera. tal vez algunos requieran funciones como medir su tensión arterial, contar las calorías que queman o consumen, o revisar las cámaras de seguridad de su negocio, okey; pero también hay miles de personas que sólo quieren usarlo como medio de comunicación, cámara de fotos y alguna que otra función más.

Pero entonces aparecen los genios del marketing que determinan que los modelos de tal o cual cantidad de años "ya no tendrán soporte", razón por la cual o renunciás a comunicarte o debés comprar un nuevo dispositivo.

Yo no quiero un celular que me lustre los zapatos, me arrope en la cama a la noche y me traiga el café con leche a la mañana. Quiero seguir siendo libre, no depender de un aparatejo para cada acción cotidiana.

Aplicación obligatoria para cada una de las actividades más triviales, que todos podemos hacer sin recurrir a ellas, ¿no les parece agobiante y ridículo? 

¿O es que no nos parece suficiente la contaminación de desechos electrónicos que ya supimos conseguir? ¿Y el despilfarro de recursos? ¿Y la presión constante para actualizar esto o lo otro? ¿Nos mejora la calidad de vida realmente, esa continua carrera por comprar, actualizar, descargar nuevas apps, y terminar de aprender a usar todas sus funciones, en el momento justo en que empiezan a ser obsoletas?

Y sólo mencioné los celulares, pero pasa con todo lo demás. Una impresora, un televisor, un ventilador, un aire acondicionado, un lavavajillas que tiene el más mínimo desperfecto no puede repararse porque "ese repuesto ya no se fabrica ni consigue".

Y así al infinito. No sé ustedes, pero  yo ya estoy harta de una sociedad de consumo que por un lado te amenaza con que se acaba el mundo porque ya no hay recursos y la contaminación está llegando hasta Júpiter; y por el otro, te dice que si no renovás tus aparatos electrónicos cada dos días, te vas a quedar fuera del universo conocido. 

¡Me tienen harta! No se puede publicitar un desarrollo sostenible, y al mismo tiempo acorralarnos impidiéndonos aplicar la básica regla de las 4 R (Reutilizar, Reciclar, Reparar y Reducir la basura).

En mi modesto entender, hemos perdido la cordura. Debería haber un universo más amplio de opciones. Si tu trabajo, gusto personal o profesión te exigen una continua actualización de la parafernalia, me parece genial que la tecnología avance al ritmo de tus crecientes necesidades, pero para los que no requieren las mismas herramientas, déjennos elegir cuántos de esos nuevos artilugios de verdad necesitamos. 

Yo no requiero (al menos hasta ahora) una impresora 3D para escribir mis libros, pero ya no puedo encontrar un tonto repuesto de la máquina que de verdad me es útil. Así que para seguir imprimiendo las sencillas cosas que constituyen mi universo personal, tengo que renunciar a mis convicciones relativas a la economía sostenible, ¿me están cargando?

Bueno, ya saben que hoy estoy indignada, mejor no me sigo dando cuerda... 


Espérenme con la noticia de que le dieron hogar a un perrito o gatito de la calle, ¿les gusta la idea? 

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Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.  

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