Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 9 de febrero de 2008

¿Y AHORA QUÉ HICE?





Esta vez abro la etiqueta PERO PUDO SER PEOR, que podría emparentarse con algunas como ¡No me pierdan el equipaje! o con Anécdotas verídicas y no tanto

A la que suscribe le encanta viajar. ¡Vaya originalidad! ¿A quién no? Y ha tenido la buena fortuna de realizar viajes de trabajo, que sus flacos bolsillos, de otro modo no le permitirían. Y precisamente por eso, viaja en solitario, metiéndose a veces en situaciones que a la distancia son risibles, y se constituyen andando el tiempo, en divertidas anécdotas, pero que en el primer momento, implicaron algún riesgo. Por suerte hasta hoy ha salido sin daño… pero pudo ser peor….

En noviembre de 2006 fui invitada a dar una conferencia central en un Workshop en Hanover, Alemania, y allá partí con mi valijita. Prolijamente empaqué para bodega todo lo que sabía que estaba prohibido llevar en cabina.


Cosas como mi set de manicura, que incluye un alicate o el kit de costura para emergencias en viaje, que tiene una tijerita, etc etc. Tuve también la precaución de sacar del equipaje de mano, los perfumes y aerosoles que por alguna razón consideran peligrosos, y OBVIAMENTE, puse en el fondo de la valija para bodega, mi aerosol de gas pimienta, fiel compañero de tantas andanzas, con el que me siento protegida en cualquier lugar del mundo, por desconocido y hostil que pueda resultar.

Por eso me causó mucha gracia ver en el mostrador de la aerolínea, mientras hacía el check in en Ezeiza, un cartelito con advertencias definitivamente ridículas. Decía textualmente (y puede atestiguarlo quien haya viajado en esa época, cuando hubo uno de los tantos picos paranoicos de seguridad aérea, que por suerte han aflojado en estos dos últimos años) “Prohibido embarcar en equipaje de mano: cuchillos, tijeras, cortaplumas….” y seguía un largo etcétera en el que se incluía “granadas de mano”. Como cualquiera de ustedes lo habría hecho en mi lugar, me largué a reír pensando “¿Habrá algún boludo que pretenda viajar con una granada de mano en el bolso? ¡Por favor! ¡Ridículo!” Bueno, pero…

Dspués de disfrutar una semanita en Hanover, con todos los gastos pagados por el Instituto de Investigaciones Geológicas, y habiendo recorrido ciudades y bosques, protegida por mi amado aerosol de defensa personal, embarqué nuevamente, rumbo al terruño.

Un poco más adelante que yo, un alemán tuvo la mala suerte de que se le rompiera la manija con la que arrastraba su valija y sencillamente la sacó, haciendo su registro con esa varilla rígida inocentemente en la mano. Como surgidos de la nada, aparecieron dos patovicas tamaño alemán extra large. (¿Se dirá Patoviken?) y lo sacaron de las pestañas, exigiendo una explicación para esa especie de bastón que podía usarse (según ellos) en un contundente ataque. (¡Pero por favor! Si esas manijas se doblan si le llegás a cargar un pañuelo de más al bolso) El caso es que lo revisaron entero, y hasta después de que hubo demostrado la inocencia del adminículo, se lo quitaron, lo reconvinieron, y con expresiones de repulsa lo dejaron pasar.

Yo miraba y pensaba “¡Pobre tipo, rompérsele justo acá la valija, con estos paranoicos en plenas funciones!”

Mientras tanto, la cola había avanzado, de modo que llegó mi turno. La empleada del check in revisó mi bolso de mano con cierta displicencia, pensando seguramente “esta boludita qué puede tener de peligroso?” Luego me pidió la riñonera, la abrió maquinalmente y prorrumpió en germánicos alaridos:

-“¡Es gibt eine Waffe! ¡Waffe!- o sea, “¡Hay un arma! ¡Arma!”

Y, sí, mi amado aerosol le sonreía inocentemente desde el fondo del bolsito. Lo había olvidado por completo.

Los patoviken, que ya estaban algo excitados, volvieron a corporizarse a mi lado con cara de solución final.

¡Merde! – pensé- ¡están grandotes los monos!

Debí recurrir a mi sentido del humor, que ocultó muy bien el K Gaso y me eché a reír, explicándoles en mi mejor alemán, que soy una ancianita sudaka, acostumbrada a moverse sola por el tenebroso tercer mundo, plagado de irracionales e incivilizados delincuentes, con ese aparatito como único seguro anti violaciones (“sí, ya quisiera” habrán pensado los tipos) secuestros y asesinatos en ocasión de robo.

Hubo un largo diálogo conmigo, y conciliábulos entre ellos, mientras yo derrochaba sonrisitas cómplices, modelo “ancianita boluda metiendo la pata sin ninguna mala intención” y mi aerosol iba a parar al canasto donde retenían cosas mucho más inofensivas, como una lima para uñas o un shampoo.

Finalmente, me midieron con la vista, sopesaron mi amenaza y decidieron dejarme pasar con un par de advertencias:

-Agradezca que está en Hanover (aeropuerto pequeño, si se quiere- digamos como el de Córdoba-) y no en Frankfurt (aeropuerto monstruoso al que se dirigía mi vuelo, y que es un nudo de entrada a toda Europa). Y tiene suerte de hablar el idioma. Si no hubiera podido explicarse tan bien, quedaba detenida acá mismo.

Lo dijeron muy amistosamente, porque con un par de chistes cordobeses debidamente traducidos, ya éramos cumpas. Lo cual es lógico si se comparan los chistes cordobeses con los alemanes.
Eso sí, casi la embarro al final, cuando les dije:

-¿Me devolverían el aerosol? Cuesta como 7€-

Cuando vi su mirada asesina, me apresuré a aclarar

-¡Es un chiste, es un chiste! Y me zampé sin demora por la puerta, antes de que se arrepintieran

Por eso digo que pudo ser peor, pero nunca tan malo como desperdiciar un fin de semana. De modo que a disfrutarlo y hasta la próxima . Besos Graciela.

Y si todavía no aprendieron, vayan a estudiar en este link

6 comentarios:

Camilo dijo...

Upa! no me gustaría irritar a unos Patovíken. Y me aterraria verlos venir con cara de "solución final".
Volviendo al tema, las boludeces que uno hace al viajar sólo son para recordar por siempre! Y con el tiempo, para reírse.
Coincido absolutamente en que los viajes por motivos laborales son la oportunidad perfecta para cultivar o profundizar la estupidez.
Se me ocurre una ahora, pero como tengo sueño, prometo postearla mañana. Excelente post, por cierto!

Graciela L Arguello dijo...

Hola, Camilo . Sí, es cierto,pero ejercer la estupidez en el extranjero tiene otro status ¿no te parece?
Un beso Graciela

Camilo dijo...

Es verdad! jejejej
pero bueno. Cada viaje nos permite hacer nuevas estupideces... hay que aprovecharlo.

Otra cosa. Te dejé un regalito en mi blog... el de microcuentos, por cierto.

Carlos Alberto Arellano dijo...

Graciela:

Me empecé a reír con el «¿Y ahora qué hice?» y lancé la carcajada con «Pero pudo ser peor».

Deliciosa (y jocosa) anécdota. Recuerdo que hace un tiempo le decía a un amigo (dueño de un blog) que no hay nada más interesante que una anécdota bien contada. (Roman Polanski, el director de «La danza de los vampiros», «El bebé de Rosemary» y «El pianista», es un gran contador de anécdotas de sobremesa.)

Me reí a lo largo y a lo ancho de toda tu anécdota. Muy bien contada. Da gusto leerla. Has hecho un muy buen trabajo.

Tus títulos y etiquetas me recuerdan a las que usan Quino («¡Yo no fui!») y Caloi («Le digo más», «Usted no me lo va a creer»)

Yo también tengo mis anécdotas, pero sólo dentro de la Argentina. (Recuerdo en este momento la vez que, viajado de Mendoza a Buenos Aires, me metí por error en el baño de mujeres de un restaurante...) En cambio mi hermana mayor, que conoce unos doce países, tiene unas anécdotas buenísimas. Como la vez que llegó, antes que su marido, a no recuerdo qué país de Europa, y se presentó en el hotel (ya era de noche) y el recepcionista le dijo que no tenía ninguna reserva de cuarto a su nombre, y que por favor se retirara...


¡Que sigas bien!

Posdata: ¿Porqué no pones el FREE NEOCOUNTER que tengo en mi blog? Si quieres ponerlo, te paso la dirección del sitio. Tiene una versión gratuita (la que yo tengo) y otra más completa, si es que estás dispuesta a desprenderte de unos pesitos.

Carlos Alberto Arellano dijo...

Graciela:

Fe de erratas: Donde dice Caloi debe decir Fontanarrosa. (Que en paz descanse.)

¡Saludos!

Graciela L Arguello dijo...

Camilo . Tampoco se requiere viajar para meter la pata. En sucesivos posts y bajo diferentes etiquetas, ya vas a ir conociendo miles de estupideces cometidas por mí, no sólo extranjeras, sino también vernáculas. Soy muy creativa cuando de hacer pavadas se trata. Por suerte no me trauman sino que me divierten. Y respecto al obsequio corro a buscarlo en cuanto suba el post de la fecha. AMO las sorpresas.

Carlos Alberto Me alegro de tenerte otra vez de visita, y coincido con vos en que las anécdotas de viaje son siempre sabrosas, aunque uno no vaya muy lejos. ¿El Free neocounter es como el stat counter que yo tengo? ¿Un programa de estadísticas de las visitas al blog?

Besos Graciela