Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

viernes, 8 de mayo de 2009

VUELVO A MIS CUENTOS



Hoy vuelvo con un cuento mío, que fue publicado en la misma Antología que Pandy, razón por la cual esta vez no he reproducido la tapa ni la dedicatoria, como es mi costumbre, ya que pueden buscarla en el post correspondiente.

En mi escala gustométrica no está demasiado bien posicionado, apenas un 6, pero al jurado del concurso le gustó en su momento como para incluirlo en el libro. Allá ellos. Hoy no me atrevería ni a presentarlo.

PANDEMIA
Por Graciela L. Argüello.

- ¿Cómo apareció? ¿Quién lo trajo?

- No lo sé. Estaba ahí. Ignoro desde cuándo, pero allí estaba. Alguien lo introdujo en algún descuido, y se apoderó de todo. Usted sabe mejor que yo cómo es eso.

- Sí, lamentablemente pasa casi todos los días. Siempre llegamos cuando es demasiado tarde- la voz del paramédico era triste y descorazonada.

Una vez más su presencia sólo constataba hechos irreversibles. Ya nada podía hacerse por el pobre hombre. Sólo labrar el acta y seguir la lucha, de antemano perdida.
No servían las campañas educativas, ni las alertas masivas que lanzaba cada tanto el Departamento Central.

Él siempre venía después, con los fotógrafos, los peritos y los expertos, sólo para asumir nuevamente que el vector de la tragedia permanecería a salvo de toda intervención e inmune a todo intento de neutralización.

Cada día eran más los llamados a la Central solicitando la certificación del Síndrome de Anulación de la Voluntad y la Inteligencia- más comúnmente conocido como S.A.V.I.- que se requería para recoger los cuerpos, aún vivos pero ya vacíos de conciencia, que se archivaban en la Premorgue, a veces por años en espera del colapso físico final. Éste tardaba más en llegar cuanto más joven y saludable era el paciente; y debido a que el S.A.V.I. se producía cada vez más precozmente, la sociedad entera se veía al borde de la desintegración.

Lo más lamentable era que pese a la prohibición, todavía aparecían los portadores de la maldición, ingresando en los hogares más insospechados.

Y siempre la respuesta a la pregunta ¿"Cómo apareció? ¿Quién lo trajo?", tenía la misma respuesta, en una complicidad culpable y absurda:

-"No lo sé. Estaba ahí"


Y cuando una víctima era retirada de la casa, convertida en un objeto viscoso e insensible que se depositaba en espera de la muerte junto a otros miles de casos S.A.V.I.;
invariablemente alguien tomaba su lugar frente al televisor con el control remoto en la mano, hasta que venían a buscarlo a él también…



Agregó Panchita, con su personalidad didáctica (porque tiene varias. Hace unas semanas le conocimos la tirabombas, ¿se acuerdan?) :

- A los blogueros les puede pasar lo mismo si no se alejan un poco de la PC. Por eso necesitan un perro que los obligue a salir a pasear, a jugar en el jardín, y a expresar libremente sus sentimientos. Adoptarme a mí, sería una excelente opción, por ejemplo.

Sabias palabras, ¿verdad? Esta faceta de las personalidades múltiples de Panchita es una de las más atractivas, y les aclaro para los que tengan prejuicios por su epilepsia, que ella se mantiene perfectamente bien con una medicación diaria que es bastante menos costosa que tener que recurrir a una terapia antidepresiva, sin ir más lejos.

Ahora vayan a corretear con sus mascotas, o a adoptar una si no la tienen. O a votar por un ADT, o a candidatear a uno nuevo pero eviten achancharse frente a la tele, que les puede dar la fiebre chanchuna.

Un beso Graciela

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