Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 16 de mayo de 2009

¡DE ESTO SÍ QUE SÉ UN TOCO!



APUNTES AUTOBIOGRÁFICOS
por Graciela L.Argüello.

CAPÍTULO I: VAGOS RECUERDOS PREESCOLARES


Siempre he sido muy precoz, de modo que nací cuando todavía era muy chiquititita. De hecho, era un bebé.

El parto fue un acontecimiento tan importante en mi vida, que hasta estuvo presente la Clory, mi madre, que en general era una persona demasiado ocupada para andar ocupándose de pequeñeces, (como los hijos pequeños, por ejemplo).

Después de ese día, seguí viviendo durante todo este tiempo. Lamentablemente.

Y digo lamentablemente, no porque reniegue de estar viva (cosa que casi siempre me encanta, salvo por ejemplo cuando se me rompe una uña, se me pasa el trole o se me acaba la provisión de chocolates) sino porque de haber interrumpido el proceso por lo menos un par de veces, hoy sería bastante más joven.

De la lactancia, la cuna, y los primeros pasos, no tengo recuerdos propios, sino que debería relatar los ajenos, muy probablemente distorsionados por los diversos puntos de vista, de tal modo que en este documento histórico me remito directamente a la escolaridad, y reservo los comentarios ajenos para el anecdotario.
En aquellos oscuros tiempos tan remotos, no se estilaban guarderías ni salitas de tres, de cuatro, de cinco o de treinta y cinco, sino que había una sola en preparación del primer grado de la primaria.

Se exigía por entonces tener cinco años cumplidos, o rendir un test de maduración para casos especiales que así lo solicitaban. Así fue que pasé a ser el pequeño monstruito de tres años, obligado a convivir e interactuar con compañeritos de cinco para arriba. No fue fácil, sobre todo para ellos, pero eso ya lo iré contando en posts sucesivos, tal como hago con mi libro Un dios para cada uno. Valgan por ahora estas líneas, como una mera introducción al largo recuento de todos los desaciertos de una vida ubérrima en ellos.

Por ahora los dejo en compañía de Panchita, quien se encuentra en uno de sus peores días. Ella dijo:

-“¡Estoy enojada! Miren, si no, mi feroz expresión en la foto… Es que llevo más de un mes de ADT, trabajando como una enana y nadie me ofreció una familia, así que hoy no les voy a dar bola injerencia He dicho”.

-Bueno, Panchita, no te pongas así. Todo lo bueno lleva tiempo. Ya vas a tener tu gran oportunidad. No pierdas la paciencia. Te espero el próximo sábado, y ojalá para entonces haya novedades.

Y ustedes, ¿qué esperan para devolver la sonrisa al rostro de Panchita? Un beso a todos. Graciela

P.S: el bebé de la foto no soy yo, tuve que recurrir al expediente de robar la imagen de un mail, porque no supe cómo escanear las pinturas rupestres que inmortalizaron mi infancia.

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