Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 14 de agosto de 2010

Ahora que ya es tarde.


Eras dura como el acero, y como el acero, templada en la fragua de la vida que no te ahorró dolores. Ninguno. Ni el más grande, ni el peor.

Porque cuando yo perdí tan prematuramente a mi hermano, al que lloro todavía, vos estabas enterrando un hijo que se marchó demasiado temprano.

Y no cabe imaginar un golpe más terrible. No existe, simplemente.

Y desde antes, desde toda tu vida, venías aferrándote de los precarios restos flotantes de muchísimos naufragios.

Y te fuiste envolviendo en armaduras por completo impenetrables.

Recia, distante, como insensible a veces, pero nunca vencida.

Sola contra todos. Pero de pie.

Muchas veces lastimó tu distancia y nunca fuiste la postal almibarada de “mamá- dulces besos”, ni recuerdo tu voz cantando una nana.

Pero estabas ahí. Como faro silente. Y nos fuiste forjando. Sin caricias ni abrazos. Eficiente, segura, exigente, inflexible. Incapaz de doblarte. Incapaz de matices.

Imperturbable y muda.

¡Cuánta amargura a veces me provocó tu empecinada certeza!

Nada te apartaba jamás de una decisión ya tomada. Aunque lastimaras a otros y a vos también te doliera.

Aunque hubiera bastado un gesto o una palabra para curar las heridas, lo tuyo era el silencio, y las heridas sangraban.

Hoy sería tu cumpleaños, pero ya no estás. Y te extraño.

Porque el cabo de tantos desencuentros, la vida vino a decirme que no te equivocabas.

Vos tenías razón: no era el camino.





Y a los demás les digo, Tammy espera, no dejen que sea demasiado tarde también para ella.

2 comentarios:

Terox dijo...

El tiempo siempre le da a uno otra prespectiva...

¿Vos sabés? Acá celebramos el día de la madre el 15 de agosto...

Graciela L Arguello dijo...

Hola, Terox ¡qué bueno que estés de vuelta, te hiciste extrañar!
Es verdad, el tiempo enseña más que cualquier lección. Un beso Graciela