Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 16 de junio de 2012

Siesta en otoño.


Se extiende la tarde, lenta, gris y fría.
Y una larga soledad, una nostalgia. 
Una extraña sensación que ni lastima ni conforta, sólo muestra los espacios más vacíos.
El silencio que se siente como una vaga melodía, un sonsonete que murmura los nombres de los que se han ido para siempre: hay algo ausente.
Me sirvo otro café, y los nombro uno a uno, todos se han ido ya, y no habrá regresos. 
¡Ojalá pudiera por lo menos creer en esos paraísos prometidos donde se encuentran otra vez los que ya no son más que cenizas!  
Y es entonces que, como entendiendo, irrumpen en el cuarto, como trombas, mis menudas compañeras, todo ladrido, salto y miel, para curar tantas heridas...
Mis heroínas al rescate, como la misma Nikita, están siempre listas para cambiarle la cara a las tardes sin sol. ¿Quién quiere llevarse a su hogar este seguro antimelancolía?

Los espero el próximo sábado. Un beso Graciela
P.S.: La foto que ilustra el post es parte de una cadena de mails e ignoro a quién pertenece.

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