Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 19 de marzo de 2016

Pobre mi madre querida.

              policía fondo historieta del cabrito en el formato muy fácil de editar Foto de archivo - 21129883 
Ya les he contado muchas veces que la Clory, mi madre, era una docente excepcional, y además una purista del idioma, de modo que ya podrán imaginarse el estado en el que llegó una mañana a casa, cuando yo era todavía una niña, después de pasar por la experiencia que paso a narrarles:
Según ella misma lo contó, había ido al banco a cobrar su sueldo un día particularmente agitado en la institución, y parece ser que estando ya el banco abarrotado, las maestras pugnaban por entrar, lo que provocó la intervención de un agente policial que intentaba contener la avalancha.
Y el buen hombre lo hacía, extendiendo sus brazos a los lados, y empujando a las docentes, mientras gritaba a voz en cuello:
-"¡Maver, madestras, reculen patrás!!!!"
¿Pueden imaginar el estado de conmoción en que llegó a casa mi madre, después del aluvión de agravios que paso a enumerar?
  1. El comportamiento de sus colegas, absolutamente inexcusable, en quienes debían ser "modelos de la comunidad".
  2. La falta de respeto de la autoridad policial, que se atrevió a increpar a gritos a los pilares de la sociedad.
  3. El abominable uso, abuso, destrucción y denigración del idioma que debió presenciar.
No creo poder recordar otra situación en que haya atestiguado tanta sagrada indignación en mi inefable mamá. 

Y para que no me hagan enojar en igual medida, ya deberían estar pensando en conseguir un hogar para Malvina, que prefiere callar antes que destrozar el castellano.
Un abrazo y nos vemos el próximo sábado. Graciela.
P.S.: La imagen que ilustra el post es de este sitio.

2 comentarios:

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Colapso total para tu señora madre y Malvina una belleza

Saludos

Graciela L Arguello dijo...

Así es, Roy , todavía recuerdo la santa indignación con que nos contó la anecdota que a mí me causó mucha gracia, pese a todo su enojo. Un beso, Graciela