Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 11 de marzo de 2017

En los tiempos que corren.

No sé si ya se los conté alguna vez, pero en los tiempos que corren, vale la pena refrescar algunas ideas.
En mi primer viaje a Alemania, por allá por 1992-93, había estallado en ese país una violenta ola xenofóbica, con ataques a las residencias de inmigrantes turcos, relativamente frecuentes.
Pero el pueblo en su conjunto repudiaba esa violencia, propia de grupúsculos de inadaptados. Y eso me quedó bien claro al leer en muchas calles la reiteración de un grafitti, que traducido al castellano, decía más o menos, esto:
Alemanes, pensemos que fuera de Alemania, somos extranjeros en todo el mundo.
Y sobre eso le vendría bien reflexionar a Donald Trump y sus fanáticos, que están yendo aún más allá de lo que la ley les autoriza, en su campaña xenofóbica.
Pero, ojo, que nosotros los argentinos nos rasgamos las vestiduras por la discriminación  de que están siendo víctimas, entre otros,  una familia cordobesa y un propietario de galería de arte argentino en Estados Unidos, pero ¿y por casa cómo andamos?
¿O acaso no nos sentimos superiores y tratamos con desprecio a nuestros hermanos paraguayos, bolivianos, peruanos o chilenos que vienen a ganarse honradamente el pan en nuestra tierra?
A mí me van a perdonar si les digo que no creo en el patriotismo cuando eso significa despreciar al otro. Permítanme creer en un ciudadano del mundo, al que el accidente de nacer bajo una u otra bandera no le menoscabe la humanidad.
 
Pero estamos tan lejos de eso, que allí encuentro otro motivo por el cual, cada vez quiero menos a la gente y más a los perros. A ellos no les importará si los adopta un chino, un ruso, un boliviano o un argentino, sólo quieren amor y lo devuelven multiplicado por mil. Gringo nunca les preguntará su nacionalidad, si deciden adoptarlo.
Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.