Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 15 de julio de 2017

Whatsapp, odio tus videítos.

Como ayer fue el décimo cumpleaños de este blog- festejado con gran alegría, dicho sea de paso- me llegaron algunos saluditos por whatsapp, de gente que conozco en la vida real y también  de algunos que conozco sólo a través de facebook. Por eso, algunas personas no saben lo que ahora les voy a explicar, y aunque debo agradecer la intención implícita en cada saludo, tengan en cuenta para el futuro lo que les voy a comunicar:
No hay nada que me ponga de peor humor que recibir un videíto lleno de pelot estupideces que se supone que me harán feliz, a las siete de la mañana de un domingo....Pero me pasa a menudo, lamentablemente.
Sobre todo me molestan esas intromisiones porque  no me informa de nada nuevo ni interesante. Ya sé que el sol siempre está; que siempre que llovió paró; y que si te caíste, te tenés que levantar, a menos que hayas quedado en un estado en el que tengan que recoger tus pedazos con una cucharita. En cuyo caso, tampoco sirve que te digan que te tenés que levantar, porque obviamente no estará dentro de tus posibilidades físicas reales.
Por si todo ello fuera poco, en cada habitación de mi casa hay un bello almanaque colgado en la pared; tengo almanaques de bolsillo en todas mis carteras, calendarios en mis celulares, y además de las agendas virtuales de los mails y otras yerbas, uso otras tres en papel, de modo que estoy perfectamente capacitada para enterarme solita de cuándo es viernes, sin que me lo informen cuatrocientos cincuenta y siete videítos con algún idiota bailando.
Además, a mí no me motiva ninguna de las bolud zonceras que me recetan para "disfrutar cada minuto de la vida". Después de todo es MI vida, ¿por qué tendría que disfrutarla de la manera que a otro se le antoje?  
Porque yo tengo mis propios estilos de vida, gustos y opciones personales, y a mí NO me hace feliz salir a perseguir mariposas con una rama de paraíso. NO me interesa mirar si hay o no gotitas de rocío en el cardo del baldío del ferrocarril. NO me provoca ningún éxtasis la tela de araña en la rama del sauce llorón, ni pienso salir a hablar con los gnomos que pintan el arco iris, o que recauchutan los techos de las cuevas de las hadas madrinas, ahijadas, suegras o cuñadas. NO SE ME DA.
TAMPOCO me mueve un pelo que me informen que mañana será otro día, porque hace rato que me di cuenta. No vengo viviendo tantos años al  pe vicio.
Y NO encuentro un deleite espiritual, una guía para el camino, ni una iluminación intelectual si me paro a escuchar el croar de las ranas, el canto de los grillos, el arrullo de las palomas, o los eructos de las iguanas. Por supuesto que ocasionalmente, puedo deleitarme yo también con bolud pequeñeces, pero no será en ningún caso por el mandato de un videíto anónimo.
Y es así, porque tengo una vida tan rica puertas adentro como puertas afuera de mi casa. Sola o acompañada.
Ya sé quién soy, qué disfruto, y qué me da alegría o placer.
Ya estoy grande para que me anden indicando qué flores tengo que oler, qué crepúsculos tengo que pararme (o sentarme) a admirar, qué tréboles debo juntar, o con qué murciélagos conversar.
Conmigo, consejos imbéciles no, por favor.
No sería quien soy si a esta altura de mi vida tuviera que guiarme por un videíto ped pavo para saber cómo administrar mis placeres, mis energías, o mis momentos de ocio.
¡Whatsapp, ponete las pilas!! Bueno, en realidad, son tus usuarios los que tendrían que ponerse las pilas para no saturar los celulares con tamañas intrascendencias.
Lo que no es un consejo intrascendente es que adopten a Atrevida. Un beso y hasta el sábado que viene. Graciela.  

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