Bartimeo, Federico Alfonso y Elvira Inés, los ángeles del blog.

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sábado, 27 de junio de 2020

Magnus Alexander (Alejandro Magno)

Otra vez Federico Alfonso- mi inolvidable Rolf- se inmiscuyó en mi vida desde el otro lado del arco iris.
Y te mandó a vos, Magnus Alexander, como antes me otorgó el privilegio del amor incondicional de Florencia Sofía.
Porque verte perdido y solo, recién rescatado por mi hijo que también guarda el recuerdo imperecedero de Rolf, fue un disparo al corazón, que se salteó varios latidos al verte.
Me resistí primero, como me resistí a Flor: "no, otro perro más es demasiado", "¿cómo lo recibirán mis princesas?", "dos es mi límite".
Pero no pudo ser, porque mientras duró la búsqueda de tus dueños anteriores, la espera se hizo angustiosa, porque en el fondo de mi corazón ya eras parte de mi jauría.
Y llegó la decepción de que alguien te reclamara, pero lo hacía desde otro país muy lejano, y los que debían cuidarte, los que habían quedado a cargo de tu preciosa vida, nunca pasaron a buscarte, ni llamaron siquiera a mi hijo que te tenía provisoriamente.
Y pasaron los días, y eras cada vez más mi perro, aunque no lo fueras todavía.
Hasta que al fin la dueña lejana y ausente se rindió a la evidencia de que sus padres no te querían de regreso en su casa, y de que nunca irían a buscarte.
Y fuiste por fin - oficialemente- uno más en mi familia.
Y comenzó la ronda de compras para tu bienestar, y se completaron tus atenciones veterinarias, y empezó la adaptación a la casa y tus compañeras nuevas.
Días agotadores al comienzo, hasta que de pronto, en un par de semanas, me di cuenta de golpe de que todo cobraba sentido, y de que era imposible entender cómo sobreviví diez años sin Rolf, que hoy está un poco de regreso, porque sos parecido a él físicamente, aunque seas tan distinto en el carácter.
Rolf, el soberbio, el majestuoso del cariño distante. Y vos, el caramelo que se derrite por una caricia, y juega de igual a igual con las nenas, sin exigir pleitesías.
¿Cuántos como yo habrán tenido el privilegio de amar y ser amado por un Alfa indiscutible que nunca se fue del todo porque me envió dos ángeles más para que ni su hermanita Elvira Inés- Layka para los íntimos- ni yo estuviéramos tan solas cuando él se marchó depués de una larguísima vida compartida.
Magnus, has venido a remendar ese pedacito de mi corazón que nunca sanará del todo. Y yo debo compensar el desapego de los que no te quisieron como de verdad lo merecés.
Rolf nos ha encomendado una misión a cada uno, y la cumplimos sin esfuerzo en su homenaje.
Hoy somos Elvira Inés, Florencia Sofía, Magnus Alexander y yo, el puñadito de amor que Federico Alfonso dejó como legado. Porque no dudo de que fue él quien guió los pasos perdidos de ese siberiano tan igual y tan distinto a él, hasta la casa de Guillermo, para llegar a través de él a este rincón del mundo que ilumina cada día con esa manera tan suya de querer y enamorar a todos.

Una historia como ésa pueden vivir ustedes también rescatando un animalito sin hogar. Contáctense conmigo si están en Córdoba, o con el refugio más próximo a su casa. Miles de vidas pueden iluminarse para siempre.



Un abrazo y hasta el próximo sábado. Graciela.
 

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