Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Más de mis cuentos.



Hoy les traigo otro de mis cuentos publicados. En este caso se trata de El sueño que pertenece a la misma antología que La Carta y Camino, razón por la cual no les escaneo la tapa ni la dedicatoria del ejemplar en papel porque ya las conocen desde esos posts.
Pero no voy a renunciar a la escala gustométrica, en la cual califico a este cuento con 8, porque por inescrutables razones todavía me gusta pese al tiempo transcurrido desde su publicación en 1999.





EL SUEÑO (para J.M.)
La recurrencia de ese sueño la tenía preocupada. Aparecía irremediablemente una y otra vez, como una premonición de cada próximo final. Se veía a sí misma corriendo angustiada con una sola meta: alcanzar la esquina. El cruce de las calles. Un punto cualquiera donde dos o más vías se cruzaran, y ella pudiera perderse. Elegir un camino que su perseguidor no pudiera reconocer. Doblar, doblar era su ansioso deseo. Doblar antes de que él la viera, y adivinara siquiera que estaba huyendo. Su urgencia y su angustia se sumaban para atenazarle el pecho.
Cuando esa estúpida pesadilla se aposentaba en su noche, despertaba empapada en sudor, aterida de frío, perdurando en su temblor dos vívidas emociones: la visión, siempre adelante, siempre inalcanzable, de ese punto en el que poder borrar las huellas de la loca huida: y la apremiante sensación de que sería inútil, la convicción de que él ya la observaba, de que ya conocía su rumbo, y de que corría cada vez más próximo.
Ese sueño reiterado y desesperante se había presentado como un intruso indeseable cada vez que se sentía casi feliz. Cada vez que había creído encontrar el amor. Su perseguidor era siempre el hombre que creía amar, y por quien se creía amada. Una vez que tenía ese ominoso sueño, los finales se precipitaban. Le había ocurrido poco antes de despedirse de Roberto; cosa que sólo recordó cuando en el medio del naufragio de su relación con Marcos, reaparecieron las mismas imágenes como una sentencia inapelable.
En los días de su lenta reconstrucción junto a Darío, volvió a su carrera onírica, y sospechó lo que luego sería inevitable.
Por eso, cuando nuevamente se vio a sí misma corriendo en pos de perderse entre las sombras, anhelante y llorosa, descalza y despeinada; supo que se estaba anunciando la ruptura con Oscar.
Lo que no tuvo tiempo para comprender, fue que esa vez no soñaba, y que su carrera nocturna era tan real como el camión que se cruzaba en su ruta…







Bueno, si les ha gustado, el precio que les cobro es que difundan la necesidad de Abrojo de conseguir un hogar, a ver si se le contagia la suerte de otros como Afrodita por ejemplo.

4 comentarios:

Terox dijo...

¿Será posible tener sueños premonitorios? No es raro que los miedos que se presentan en los sueños se terminen convirtiendo en realidad... es lógico... en este caso, se conbinó con el sonambulismo... tal vez el cuento se hubiera podido llamar "la sonámbula"... pero habría perdido el "punch" final... ¿n'est-ce pas? (como diría Poirot)

Graciela L Arguello dijo...

Así es, Terox , la idea es sorprender al final. Y respecto a las premoniciones de los sueños....ummmmm, no sé. Un beso Graciela

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Una vez me soñé que me asaltaban e intentaban quitarme el reloj en el centro de la capital un grupo de hombres jóvenes, al día siguiente me paso exactamente lo mismo, cuando iba para la Universidad y estaba haciendo fila en el centro de la capital, de pronto aparecieron unos chicos que les decían chapulines (una manera de invisibilizarlos) y uno se me tiro encima a arrebatarme el reloj. Al final forcejeia y logre entrar al bus, y el mismo terror que sentí en el sueño lo viví esa mañana.

Saludos

Graciela L Arguello dijo...

A soñar algo más lindo la próxima vez, Roy , ¡y que también se cumpla!!! Un beso Graciela