Bartimeo y Federico Alfonso, los ángeles del blog.

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sábado, 2 de marzo de 2019

Este tema de las bodas de...

Hace unos días les prometí explayarme - con humor, claro- sobre los diversos materiales que la tradición relaciona con los sucesivos aniversarios de bodas. 
Hoy haré una introducción general, y después, en distintos posts iré hablando de cada una, salvo por supuesto de las bodas de porcelana, de las que ya he escrito un post hace años.
En este primer post, sólo explicaré cuál es, a mi criterio, la razón de la designación elegida para cada aniversario. Después, les repito, en los otros posts que haga, divagaré extensamente sobre lo que me sugiere el nombre. 
Hagamos pues el listado.
Bodas de Papel, porque al final y al cabo, están para llenarlas de borrones, y siempre corren el riesgo de acabar en la papelera.
Bodas de Algodón, porque todavía no amerita más que alguna planchadita cada tanto, y puede tirar un tiempo antes de deformarse y desteñirse.
Bodas de Cuero, porque ya pinta para ir durando, pero igual se pela y se desluce con relativa facilidad.
Bodas de Frutas,  porque es lo que uno termina mandándole a su cónyuge todo el tiempo.
Bodas de Madera, en homenaje a los antiguos cepos con los que se castigaban las inconductas hace un par de siglos.
Bodas de Azúcar, porque es lo que hay que ponerle para seguir adelante sin desfallecer por el camino.
Bodas de Lana, en alusión al material que constituye las patas del principal colaborador del matrimonio.
Bodas de Roble, porque es la clase de salud que hay que tener para  no morir en la empresa.
Bodas de Lata, y sí, son una lata.
Bodas de Acero, más específicamente de acero quirúrgico, porque uno se siente todo el tiempo como si estuvieran por operarlo de algo, aunque no sepa muy bien de qué.
Bodas de  Seda, por identificación con los gusanos que la producen.
Bodas de Encaje, porque uno ya se está preguntando "¿y a éste/a, cómo me lo/a encajaron?"
Bodas de Marfil, como homenaje al sacrificio de los elefantes...y al propio también.
Bodas de Cristal, frágiles, frágiles...
Bodas de Porcelana, Vayan a leer el post, ¡caramba! ¡No esperarán que les explique todo de nuevo!
Bodas de Perla, y sí, comienzan como una úlcera, pero pueden generar algo bonito...a veces.
Bodas de Coral, permanentemente amenazadas de extinción, si no se toman medidas inteligentes.
Bodas de Rubí, y bueno, si llegaron hasta acá, se las puede considerar una piedra preciosa, porque cumplen los requisitos de rareza, dureza y puede que hasta de belleza, o algo que se le parezca.
Bodas de Zafiro, duras, duras de dureza, y duras de durar...
Bodas de Oro, porque todo el mundo quiere tenerlo, pero muy pocos se lo pueden permitir.
Bodas de Esmeralda, una gema carísima, pero muy ornamental...si uno se la banca, claro.
Bodas de Diamante, una auténtica rareza, ¿porque quién llega a los 75 años, casado, con memoria como para darse cuenta, y por último con ganas de festejarlo?

Y una perlita final, ¿se fijaron que en el listado, que saqué de Internet, no figura el octavo aniversario? ¿Será como un año sabático que uno puede tomarse para recargar las pilas antes de volver al yugo?

Espero que les haya  parecido entretenido, pero si se les ocurre compartirlo en las redes, o por whatsapp, por favor mencionen mi autoría y la fuente de origen que es este blog, porque todo esto está protegido con IBSN.

Y como siempre, para despedirme,  nuevamente un pedido de adopción para Gigí, o cualquiera de sus semejantes. Un abrazo y hasta el próximo sábado, Graciela.

La imagen  que ilustra el post es tomada de este sitio.

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